20 de octubre de 2010

Arqueología submarina: El Gobierno de España planta cara a las grandes empresas de cazatesoros.

Ha sido necesario el escándalo Odyssey, de proporciones internacionales, para que las Administraciones reaccionen ante el expolio sistemático de nuestro patrimonio sumergido.
Entre los variados especímenes de turistas que invadieron las playas españolas del tardofranquismo, infiltrados en aquellas hordas de europeos pálidos y con posibles, Xavier Nieto, el pionero de la arqueología subacuática nacional, detectó un tipo de viajero muy particular. El uso del regulador en las botellas de oxígeno había convertido el submarinismo en una afición normalizada, y algunos franceses, ingleses e italianos alquilaban barquitos de pesca para alejarse de la costa y explorar los fondos. De allí sacaban ánforas, armas o monedas, que vendían a la vuelta sin ningún tipo de reparo. «Se pagaban las vacaciones expoliando. Literalmente». «Aquí se observaba el fenómeno con recelo, pero nadie asumía la responsabilidad de ponerle coto».
En los 80, algunos investigadores denunciaron que el litoral catalán estaba siendo sistemáticamente saqueado por los cazatesoros, el 'atraco' saltó a la prensa, y el Gobierno se decidió a tomar las primeras medidas. La Ley de Patrimonio Histórico incluyó a los yacimientos submarinos. Se abrieron los centros especializados de Cataluña, Murcia y And.alucía. El escándalo sirvió de revulsivo.
  • El caso 'Odyssey', con Greg Stemm y compañía sonriendo tranquilamente a la cámara mientras 'distraían' de Gibraltar 500 millones de dólares en las mismas narices del Gobierno español, puso en evidencia los agujeros del sistema y, de paso, subió los colores a la autoridad competente
Ha sido necesario otro, éste de proporciones internacionales, para que las administraciones espoleen la investigación y protección del inmenso caudal enfangado que todavía guardan las aguas españolas. El caso 'Odyssey', con Greg Stemm y compañía sonriendo tranquilamente a la cámara mientras 'distraían' de Gibraltar 500 millones de dólares en las mismas narices del Gobierno español, puso en evidencia los agujeros del sistema y, de paso, subió los colores a la autoridad competente.
Ahora de lo que se trata es de resarcirse del golpe económico y moral del 'Nuestra Señora de las Mercedes', cuya suerte todavía se debate en un tribunal de Tampa (Florida).
La 'contraofensiva' española cuenta con varios frentes. Andalucía, por ejemplo, ha sido la primera comunidad autónoma en aplicar un régimen de protección jurídica a los enclaves arqueológicos sumergidos según el protocolo recomendado por la Unesco. Pero el más mediático se abrió con la firma de un convenio entre los ministerios de Cultura y Defensa para implicar unidades militares en la localización de los pecios.
  • El Ministerio de Cultura cree que en la franja marina que une Cádiz y Huelva puede encontrarse hasta el 30% de los restos de naufragios contabilizados en España. Se calcula que en las aguas del Golfo de Cádiz hay 750 galeones hundidos.
De tesoros y lavadoras
La 'campaña piloto', desarrollada en Cádiz entre el 7 de septiembre y el 8 de octubre, ha sentado las bases de un modelo de colaboración que se exportará pronto a otros puntos estratégicos de la costa. Dos cazaminas, el 'Turia' y el 'Sella', con su correspondiente dotación de un centenar de marineros, técnicos y buzos, han rastreado el tramo de litoral que va desde la desembocadura del Guadalquivir hasta Tarifa. La elección de esta zona de prospecciones no es casual. El Ministerio de Cultura cree que en la franja marina que une Cádiz y Huelva puede encontrarse hasta el 30% de los restos de naufragios contabilizados en España. Se calcula que en las aguas del Golfo de Cádiz hay 750 galeones hundidos.
Uno de los robots submarinos empleados en la campaña.


Aunque la ministra Carme Chacón, durante su reciente visita a la Base Naval de Rota, aseguró que los motivos que impulsan la iniciativa son puramente académicos, no sería de extrañar que el Gobierno hubiera tenido en cuenta otras variables más prosaicas para 'seleccionar' el Golfo de Cádiz como primer campo de pruebas. Hace ya 30 años que el arqueólogo norteamericano Robert Max cuantificó en 116.000 millones de euros el montante de oro y plata sumergido en la zona.
  • Sólo en EE.UU. hay 28 grandes empresas dedicadas al rescate de pecios con sofisticados equipos mientras que en España los centros de Arqueología Subacuática ni siquiera disponen de barcos propios. 
El convenio de Cultura y Defensa pretende también atajar una de las críticas habituales de los expertos en la materia: la batalla entre expoliadores y defensores del patrimonio sumergido ha estado siempre condicionada por una clara descompensación de fuerzas. Los 'cazatesoros' (sólo en EE UU hay 28 grandes empresas dedicadas al 'rescate' de pecios) cuentan con sofisticados equipos de barrido lateral, escáneres de ondas acústicas sensibles a los relieves del fondo, magnetómetros y detectores de metales de uso industrial; 'Odyssey', además de un presupuesto multimillonario, disponía de un prototipo de robot Hércules de 16 toneladas, capaz de remover, por control remoto, el légamo marino en busca de pistas fiables. Enfrente, la inmensa mayoría de los Centros de Arqueología Subacuática ni siquiera tiene un barco propio. Los técnicos del CAS de Cádiz salen al mar en zódiac.
En el rastreo de las 350 millas lineales que ha abarcado esta primera campaña, la tecnología militar del 'Turia' y el 'Sella' ha intentado equilibrar la balanza. Se ha utilizado un sónar de alta precisión, originalmente diseñado para la búsqueda de minas, un sondador multihaz y un vehículo de control remoto capaz de manipular piezas a más de 250 metros de profundidad. En el trabajo de campo han colaborado buceadores militares y arqueólogos de la Junta de Andalucía. Los resultados, por ahora, son relativos. La ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, cifró en 128 el número de contactos (posibles pecios) localizados, pero de todos ellos sólo uno se ha catalogado como «importante». Aun así, las autoridades militares recalcaron que son los especialistas en patrimonio los que, con los datos aportados por la Armada, deberán evaluar el alcance de los hallazgos.
Algunos expertos en el tema (Cádiz tiene una larguísima tradición de 'exploradores' oficiosos del patrimonio sumergido), cuestionan abiertamente la versión oficial. Unos creen que es imposible que «después de un mes, con esos medios, y tras haber invertido dos millones de euros, no hayan descubierto ningún naufragio de relevancia. Quizá lo han hecho y esperan la coyuntura adecuada para anunciarlo». Otros opinan que el verdadero objetivo («encontrar oro para las arcas del Estado»), no admite declaraciones públicas, ni luz ni taquígrafos.
El alférez de navío y jefe técnico de la campaña, Daniel González-Aller, fue muy directo cuando habló con la prensa: «Entre los posibles pecios puede haber restos de relevancia..., pero también lavadoras». Para González-Aller, lo importante «es que se ha puesto a prueba un método de trabajo en un área de visibilidad reducida, con corrientes cruzadas y fondos arenosos. Hemos aprendido de cara a futuras campañas».
¿Pero qué buscan?
Tres mil años de historia de la navegación dan para mucho, y los mares y océanos que cercan la Península están sembrados de galeras romanas, drómanas fenicias, buques, carabelas, goletas y galeones. Los pecios constituyen su propia geografía documental, imprescindible para los historiadores, pero también un botín más que suculento para los interesados en lo pecuniario.
  • El investigador Gonzalo Millán del Pozo cree que el total puede ascender a 160.000 millones de euros, el 16% del PIB español, lo equivalente a quitarse de un plumazo casi una tercera parte de la deuda pública del país.
El catedrático Manuel Martín Bueno hizo popular una frase que abarrotó de particulares el Archivo de Indias: «En el Golfo de Cádiz hay más oro que en todo el Banco de España». El investigador Gonzalo Millán del Pozo cree que el total puede ascender a 160.000 millones de euros, el 16% del PIB español, lo equivalente a quitarse de un plumazo casi una tercera parte de la deuda pública del país.
El sónar de la Armada podía haberse topado con los restos, por ejemplo, del 'Santa Cruz', hundido frente a Zahara de los Atunes en 1555 tras sufrir el abordaje de una flota de piratas berberiscos cuando regresaba de América cargado de metales preciosos. O con los galeones 'San Francisco Javier' y 'Nuestra Señora de la Victoria', joyas de la escuadra patria que enlazaban los puertos nacionales con Cartagena de Indias y que fue prácticamente aniquilada por los ingleses en 1656.
El 'San Hermenegildo' y el 'San Francisco' reposan junto a Chiclana; Conil guarda el 'Veracruz' y el 'San Juan Bautista'. La punta de las Palomas, en Tarifa, ejerce de panteón del 'San José' y el 'Nuestra Señora de la Soledad'. Y así, hasta completar cientos y cientos de tragedias ahogadas en algas y cieno.
(Fuente: Ideal)

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