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1 de julio de 2013

Las obras de restauración sacan a la luz las yeserías mudéjares de San Lorenzo, en Sahagún (León)

La restauración de la Iglesia de San Lorenzo, en Sahagún, ha dado ya su primera sorpresa, con la aparición de varias yeserías que pudieron formar parte de la decoración original de este templo de estilo mudéjar y construido en el siglo XIII.
Motivos vegetales y geométricos adornaban el templo
tras su construcción, como se observa en estos detalles.
Foto: Acacio Díaz
 Por el momento, los especialistas tienen que estudiar el hallazgo para pronunciarse sobre su alcance y sobre las medidas que se adoptarán para su conservación.

La actuación en las columnas de la nave central a la altura del crucero ha permitido el hallazgo y no se descarta que aparezcan nuevos restos según se vayan ejecutando los trabajos. 


Ya antes de comenzar con la restauración, en una actuación en la cubierta, se encontraron los restos de un artesonado que ocultaban las bóvedas con las que se dotó posteriormente al templo. 

Sin embargo, este elemento no quedará a la vista del público, como sí podrán observarse los elementos decorativos ahora encontrados.

Las yeserías encontradas ofrecen un conjunto de estrellas con variación de puntas, cintas y sogueados y conservan sus colores originales sin repintes. Su aparición enriquece el monumento, tanto desde el punto de vista patrimonial como por tratarse de un recurso turístico.

En pleno casco urbano, la iglesia se sitúa en la calle de la Morería y es de la cultura mudéjar de donde llega esta decoración de motivos geométricos y vegetales.

Las obras finalizarán el año que viene

El derrumbamiento de la capilla de Santa Lucía, en agosto de 2008, motivó el cierre del templo y su apuntalamiento para evitar el colapso del edificio. El paso del tiempo sin que llegara un proyecto de rehabilitación para el monumento motivó el malestar de los vecinos de Sahagún y la creación de una plataforma para exigir la restauración, que no fue ajena al debate político.

Se han destinado 611.698 euros a la recuperación del templo, en unas obras que ejecuta la empresa vallisoletana Stoa y que finalizarán el año que viene. A esta cantidad hay que añadir otros 40.000 euros en concepto de dirección de obra. Tras la entrega de la rehabilitación se peatonalizará el entorno de la iglesia y se firmará un convenio con el Ayuntamiento para la conservación de la iglesia.

(Fuente: Diario de León / Acacio Díaz)

1 de marzo de 2013

Aparece un alfarje del siglo XVI en una Iglesia de Nuño Pérez (Palencia)

La decoración de las vigas del artesonado es de tipo soga y en los entrepaños aparecen estrellas caladas de ocho puntas y motivos geométricos
El artesonado estaba oculto por un falso techo de yeso y por la parte
de arriba con tierra y barro.
Foto:  Revista Ecclesia
Las obras de restauración, limpieza y pintura en la iglesia parroquial de San Cristóbal de Arenillas de Nuño Pérez (Palencia) han propiciado la aparición de un alfarje mudéjar de madera sin policromar, de comienzos del siglo XVI, ubicado en la sacristía. El estado de conservación es regular ya que está algo afectado por la carcoma y faltan algunas tablas, según informa el Obispado.

La decoración de las vigas es de tipo soga y en los entrepaños aparecen estrellas caladas de ocho puntas y motivos geométricos. El trabajo en el aljarfe era realizado por maestros mudéjares, especialistas en este tipo de techumbres y decoración. El artesonado estaba oculto por un falso techo de yeso y por la parte de arriba con tierra y barro. Posiblemente fue tapiado en el siglo XVIII por encontrase en malas condiciones y por el cambio de estilo y gustos artísticos. Asimismo, al levantar la tarima de dicha sacristía se ha encontrado un suelo de cantos rodados formando figuras geométricas.

El hallazgo se produjo la semana pasada por parte de un albañil que está realizando las obras, siendo comunicado por párroco y un vecino del pueblo a la Delegación Diocesana de Patrimonio, cuyo responsable, José Luis Calvo, se desplazó a la parroquia para evaluar el hallazgo, fecharlo, inventariarlo y aconsejar el procedimiento para su tratamiento y conservación. La Parroquia de San Cristóbal de Arenillas de Nuño Pérez atesora además una valiosa pila bautismal del siglo XII y un retablo con pintura al óleo sobre tabla del siglo XVI, que necesita una urgente restauración.

El estudio, proyecto de restauración y presupuesto ya está en manos de la Delegación Diocesana de Patrimonio a falta de financiación adecuada. Además, la iglesia posee un Cristo crucificado, del siglo XVII al que el pueblo le tiene mucha devoción y que fue titular de la cofradía de la Santa Vera Cruz. Esta obra, junto con una talla de San Andrés apóstol del siglo XV, serán intervenidas en el Estudio Taller del Obispado de Palencia por al estar afectadas por la suciedad y la carcoma.

8 de junio de 2012

Un socavón descubre un pasadizo mudéjar en Sahagún

El derrumbe hace tres días de parte de una calzada en el casco histórico de Sahagún ha puesto al descubierto un probable pasadizo de las bodegas de la antigua abadía de San Benito. Según el concejal socialista Valentín Mon, estudioso del patrimonio de la villa, «el túnel posee tres metros de altura y dos metros y medio de anchura, está abovedado con lo que parecen ladrillos de estilo mudéjar y se abre en dos direcciones».
El alcalde Sahagún, ante el socavón que ha puesto al descubierto
el posible pasadizo.

Bajo la zona donde se produjo el socavón, en las inmediaciones del cuartel de la Guardia Civil, circulaba el viejo desagüe de la localidad, «lo que pudo producir el reblandecimiento de la tierra y que se abriera el agujero que ha revelado, al fondo, la existencia de ese pasillo que estaría próximo a las bodegas», matiza. El Ayuntamiento ha puesto en conocimiento del servicio territorial de Patrimonio el descubrimiento y, según confirma la Junta, hoy mismo se desplazará la arquitecta responsable a la zona para examinar y documentar la importancia del hallazgo.

Cubierto
Además, el Consistorio ha procedido a cubrir el agujero, «porque era urgente y no podíamos esperar, ya que estamos en fiestas», confesó el alcalde, Emilio Redondo. El regidor precisa que las obras para cerrar el socavón se han efectuado dejando accesible el agujero con tres tubos de hormigón de un metro de diámetro, por si fuera necesario bajar hasta el túnel. «Lo hemos solucionado con dos días de trabajo, un metro cúbico de hormigón y un forjado de hierro», señala. Redondo no se aventura a formular hipótesis sobre lo encontrado, aunque le gustaría que las administraciones se volcasen en excavar la abadía, una de las más importantes de la Edad Media

Proyecto
El Ayuntamiento de Sahagún dispone de un proyecto para excavar la zona noble del claustro, la iglesia y las demás dependencias, pero carece de financiación.

19 de diciembre de 2011

Tras los pasos de mudéjares y moriscos en Ávila

Un proyecto de investigación vinculado a la UNED, las Universidades de Salamanca y Valladolid y el Museo de Ávila diseña un SIG para crear el mapa mudéjar de la ciudad
El proyecto de investigación nació en el año 2009 con el objetivo de analizar la presencia mudéjar y morisca en Ávila desde sus orígenes, en el siglo XII, hasta su expulsión. Los resultados de estos tres años de investigación han permitido el diseño de un Sistema de Información Geográfica, SIG, en el que están localizados todos los puntos de interés que documentan la historia de los mudéjares y los moriscos que vivieron en Ávila durante cinco siglos. Coincide la culminación de este estudio con el IV centenario de su expulsión definitiva de tierras castellanas (1611).

El Grupo de Investigación surgió a partir de los trabajos, que hasta entonces de manera individual, habían desarrollado sus componentes. El equipo tiene un carácter interdisciplinar al contar con una experta en información mudéjar, Ana Echevarría, profesora de Historia Medieval de la UNED; Serafín de Tapia, estudioso de la comunidad morisca en Ávila, autor del único trabajo de investigación al respecto que se había publicado hasta los años 90; Olatz Villanueva, arqueóloga vinculada al departamento de Historia Antigua y Medieval de la Universidad de Valladolid y Javier Jiménez Gadea, también arqueólogo y conservador del Museo de Ávila. De manera que el grupo reúne los cuatro pilares clave sobre los que se sostiene la investigación: documentación mudéjar y morisca, y trabajo de campo en torno a cerámicas y epigrafía árabe.
En el contexto de constitución del grupo no podemos obviar el descubrimiento en 1999 del cementerio de los musulmanes de Ávila que se encontraba extramuros de la ciudad, al oeste del recinto amurallado, entre la iglesia de San Nicolás y el río Adaja, en un paraje conocido como Vado de San Mateo. Un descubrimiento de suma importancia pues se trata de una necrópolis “única en la arqueología islámica peninsular”, apunta Javier Jiménez, por su numerosidad (puso al descubierto más de 3000 sepulturas) y por la información que reveló sobre la religiosidad de los mudéjares castellanos.
Fue descubierta a raíz de las prospecciones arqueológicas previas a la urbanización de la zona y su vigencia, entre los siglos XIII y XV confirma que los mudéjares mantuvieron intacta durante ese tiempo su fe islámica. A pesar de que su descubrimiento puede parecer casual, Javier Jiménez aclara que las estelas funerarias que habían aparecido reutilizadas en algunas fincas de la zona y la referencia a este lugar en libros de los siglos XVII y XVIII como ‘La cerca de los osso’ o ‘El honsorio de los judíos’ aportaban pistas fiables sobre su ubicación. 
  • El estudio recoge la existencia de “sólidos indicios documentales” sobre otros lugares de enterramiento en Ávila: junto al monasterio cisterciense de Santa Ana y junto al premostratense del Sancti Spiritus.

Además del trabajo documental desarrollado por los investigadores a partir del Archivo Histórico Provincial de Ávila, el del Ayuntamiento, la Diputación, el Archivo General de Simancas y el Archivo Histórico Nacional, parte del estudio se ha basado en el trabajo de campo: recorridos por la ciudad en busca de elementos que pudieran relacionarse con los mudéjares y moriscos. En este sentido, diferenciamos entre los reutilizados en otras construcciones y los dispersos en la ciudad como elementos ornamentales. “Prácticamente todos los edificios construidos o reformados durante el primer tercio del siglo XVI emplearon estelas funerarias musulmanas”, subraya Javier Jiménez. Y es que tras la orden de conversión de los Reyes Católicos, en 1502, todos los lugares de culto fueron desmantelados.
Como resultado de estos recorridos, el Grupo de Investigación ha diseñado un Sistema de Información Geográfica, SIG, en el que pueden localizarse todos aquellos lugares de interés referidos a mudéjares y moriscos. Una estela que se reutiliza o una casa que fue vendida por un musulmán a un vecino de Ávila aparecen referenciadas en un plano que “podemos superponer a la cartografía actual o histórica y en el que se irán destacando todos los puntos que queramos localizar”, explicó Javier Jiménez, “de esta manera conectamos una base de datos con información espacial en soporte cartográfico”. El sistema exige una actualización continua a raíz de los descubrimientos que se vayan realizando.
El objetivo de este SIG no se agota en ser una herramienta para la investigación, sino que el Grupo aspira a poder proponerlo a las administraciones públicas para la gestión del patrimonio histórico, sobre todo de cara a las prospecciones arqueológicas previas a una intervención urbanística. Asimismo, otra de las intenciones es ponerlo a disposición de la sociedad a través de una página web de acceso libre. Pero para ello, aún queda recorrido pues es preciso terminar de definir la herramienta informática que lo sustenta y enriquecerlo con más puntos de interés. Esperan, eso sí, que pueda estar finalizado para 2014, cuando culminará el segundo proyecto de investigación en el que se han embarcado junto a otros investigadores al amparo del Ministerio de Educación, con el objetivo de profundizar en la presencia mudéjar y morisca en Castilla.
La presencia musulmana
A finales de la Edad Media, la presencia musulmana en Ávila apenas llegaría a los diez millares. De la primera etapa tan sólo han quedado rastros documentales, las tumbas del cementerio islámico y el trabajo agrícola, por el que los obispos les reclamaban los diezmos correspondientes. Las morerías se organizaban por obispados y en el siglo XIV, mantenían relaciones fluidas con el Cabildo y el Consejo y ocupaban, abonando una renta, casas de su propiedad que se situaban zonas de mercado próximas a la muralla, como las Plazas del Mercado Nuevo y de San Pedro, y también a la mezquita de la Solana. Tenían estatus de ‘vecinos’ que les reportaba garantías en los conflictos que pudieran surgir con los naturales de otros lugares. Sus oficios eran principalmente el textil, la venta de sal, el trabajo con cueros, la alfarería o la construcción, según se recoge en el estudio.
En cuanto a sus lugares de culto, los últimos estudios han documentado la existencia de mezquitas en las ciudades de la Cuenca del Duero. A principios del siglo XIV, la comunidad musulmana abulense había levantado dos mezquitas, una intramuros y otra a los pies de la muralla donde se levantó más tarde el Monasterio de Nuestra Señora de Gracia. A finales de siglo construyeron un tercer templo, al parecer en la actual calle Empedrada y en 1480 se levantó otra en la zona sur de la ciudad, en la morería del Berrocal.
El año 1502 marcó un punto de inflexión: los Reyes Católicos obligan a los musulmanes a convertirse al cristianismo si querían seguir viviendo en al Península. En Ávila, unas 700 personas (el 10% de sus habitantes) se bautizaron y se conoce el nombre cristiano que 154 varones moriscos adoptaron: el más repetido fue Lope, en referencia a un antiguo noble granadino que vivía en Ávila y que colaboró con los Reyes Católicos en la guerra de Granada. La llegada a partir de 1570 de los que después se llamaron moriscos granadinos, para diferenciarlos de los que llevaban siglos ocupando estas tierras, trajo cambios importantes.
A Ávila llegaron unos mil, en pésimas condiciones sanitarias pues al no estar acostumbrados al invierno, un 12% murió en el camino, según indicó otro de los miembros del equipo de Investigación, Serafín de Tapia. “Eran dos mundos, uno mediterráneo y otro continental y aunque al principio los moriscos abulenses los recibieron con deferencia, el choque fue inevitable”, señala Tapia. Tan es así, que tras el decreto de expulsión de 1610, las autoridades abulenses pidieron que se excluyera a los moriscos abulenses, que gozaban de un elevado nivel de integración. Y se consiguió, hasta que en el año 1611 la expulsión fue definitiva y Ávila perdió el 17% de su población, una población que aportaba el 49% de los recursos financieros de la ciudad. La ciudad pasó de tener 8.300 habitantes en 1611 a 5.400 en 1632 y no fue hasta principios del siglo XX cuando se recuperó el volumen demográfico del XVII.
La exposición ‘Mudéjares y moriscos
Precisamente con el objetivo de acercar a la sociedad este trabajo de investigación, el Museo de Ávila acoge hasta el próximo 18 de marzo una exposición con las piezas más significativas de la historia mudéjar y morisca en la provincia. Piezas únicas halladas en Ávila ya que sólo se conocen dos estelas funerarias mudéjares encontradas fuera de tierras abulenses: en Lisboa y Toledo. Entre ellas destaca un cipo funerario de mediados del siglo XIII correspondiente a una mujer y que refleja que doscientos años después de que Alfonso VI conquistara Toledo, los musulmanes toledanos conservaban su costumbre de señalizar las sepulturas con estas piezas cilíndricas.
De Segovia ha viajado hasta Ávila una llave islámica como las que aparecen representadas en la Alhambra de Granada, considerada un ejemplo de falso mudejarismo, ya que según un estudio en el que ha participado Javier Jiménez, no deben relacionarse ni con la ciudad de Segovia, ni con su aljama mudéjar, ya que se trata de objetos traídos desde al- Andalus como trofeos tras las campañas militares y que eran ofrecidos a monasterios o iglesias.
En la exposición también puede contemplarse parte del sepulcro de un musulmán que pertenecía a una destacada familia mudéjar, los Rico, que desempeñaron importantes cargos en la aljama abulense en el siglo XV; por este motivo el sepulcro fue distinguido, además de por el hecho de haber sido asesinado. Actualmente se encuentra en la Iglesia de Santiago de Ávila.
Por otra parte, se ha reconstruido en el Museo un horno elaborado a partir de estelas funerarias de la necrópolis abulense y que por motivos de conservación no se ha podido trasladar a la capital. Un dato curioso sobre las estelas funerarias de los musulmanes, reseña Javier Jiménez, es que sabemos que son islámicas por las inscripciones, algunas con citas coránicas, pero utilizan elementos decorativos del arte cristiano contemporáneo, como el gótico final abulense. “Se produce así un fenómeno de intercambio cultural contrario al del arte mudéjar: si éste utiliza un lenguaje islámico para unos edificios conceptualmente cristianos como palacios o iglesias, el lenguaje que emplean los mudéjares para sus propias estelas funerarias está tomado del arte cristiano contemporáneo”, añade Jiménez.
(Fuente: León Noticias / E. Rodríguez)

15 de julio de 2011

Los secretos del Alcázar de Sevilla


Hay muchas razones para descubrir la ciudad: para empaparse de la más pura esencia andaluza, asistir a alguno de sus multitudinarios eventos, darse el gusto con su exquisita gastronomía o desvelar uno a uno sus tesoros artísticos e históricos. Y en cada una de estas visitas, siempre vale la pena dar un paseo por el Real Alcázar de Sevilla, ya que nunca se acaba de agotar la lista de detalles, curiosidades y secretos que esconde este magnífico tesoro del tiempo.
Puerta del León del Alcázar de Sevilla.
El Real Alcázar de Sevilla es un mosaico de palacios de distintas épocas y estilos arquitectónicos que conviven en sorprendente armonía. Un halo mágico rodea al conjunto, y es que las leyendas que surgieron en torno a él ya forman parte del rico patrimonio inmaterial de Sevilla.
Prácticamente cada estancia del palacio tiene un mito que la redefine y cuenta mucho más de lo que se ve. Como el Patio de las Doncellas, quizás el lugar más famoso y fotografiado del Alcázar. Según la leyenda, los gobernantes musulmanes de Sevilla pedían a los reinos cristianos del norte como tributo anual la entrega de 100 doncellas vírgenes, además de elevadas cantidades en efectivo. El porqué de que esta sala recibiera con el tiempo este nombre se desconoce. Lo que si está claro es que las 100 doncellas vírgenes fueron un mito muy popular en la Edad Media que se usó profusamente para justificar y popularizar las guerras de la Reconquista en la población cristiana.
Es sabido que la Reconquista no significó la expulsión de los musulmanes de España, que no se produjo hasta 300 años después. Siguieron trabajando como arquitectos y artesanos, dando lugar al arte mudéjar. Uno de los reyes castellanos que más obras de reforma mudéjar realizó en el Alcázar fue Pedro I el Cruel. Y así, al mismo Patio de las Doncellas se pueden ver bellísimas inscripciones arabescas en las paredes que lo definen como “sultán de los creyentes”. Todo un ejemplo de realismo político y adaptación al terreno.
Otro de los lugares del Alcázar que esconde una leyenda en su nombre son los Baños de María de Padilla. En realidad no son unos baños, sino un aljibe árabe subterráneo situado bajo el Patio del Crucero. El mismo Pedro I el Cruel y Sultán de los Mudéjares parece que estaba locamente enamorado de una dama llamada María de Padilla. Hizo lo que pudo para seducir, incluso hacer asesinar a su marido, hasta que finalmente ella, en su desesperación, se desfiguró la cara con aceite hirviendo para frenar los reales impulsos.
Patio de las doncellas en el alcázar sevillano.
El llamado Patio de las Muñecas también tiene su historia. Se trata de un patio decorado mayormente con columnas y capiteles procedentes del palacio de Medina Azahara que esconden algunos rostros humanos de pequeño tamaño. Se dice que son nueve las caras de las muñequitas y que descubrirlas sin ayuda trae mucha suerte.
En cualquier caso, cada patio, estancia y rincón del Alcázar tiene su leyenda. Lo mismo ocurre con sus preciosos jardines, escenarios dignos de las Mil y Una Noches. En la recepción de la mayoría de los hoteles en Sevilla podrás contratar un tour con guía especializado, no sólo para no perder ante tanta belleza, sino también para escuchar atentamente las historias que se cuentan casi de cada una de sus piedras.

31 de mayo de 2011

Santa Fe, la cristianización de los palacios musulmanes de Toledo

Nos encontramos ante una estructura ciclópea asentada en la roca y levantada con aparejo.Se trata de un modelo de factura islámica generalizado en el área peninsular en el siglo VIII
El conjunto conventual de Santa Fe en Toledo es producto de una serie de construcciones erigidas desde la ocupación musulmana hasta el siglo XX. Obras como la Capilla de Belén, con su bóveda califal, el ábside mudéjar de Santa Fe, el alfarje policromado, el Claustro isabelino o la Iglesia de Santiago, han hecho de éste un edificio emblemático en el que la documentación arqueológica realizada en los últimos años junto al proyecto de rehabilitación como ampliación del Museo de Santa Cruz ha permitido aclarar aspectos de sus fases constructivas y descubrir parte del aula regia islámica encuadrada a partir del siglo X, tal y como pone de manifiesto el trabajo arqueológico presentado por Fabiola Monzón Moya y hecho público en las actas de las III Jornadas de Arqueología de Castilla-La Mancha llevadas a cabo en 2007 en Toledo.
Las fases constructivas revelan los trazados urbanísticos en Toledo.

En dichas actas recuerda que la ciudad islámica se dividía en diferentes sectores: la alcazaba y la medina propiamente dicha, a los que se suman distintos arrabales. El recinto de la alcazaba, uno de los ingredientes básicos de su estructura urbana, ocupaba el ángulo noreste de la ciudad y estaba rodeado por una muralla conocida como al-Hizám o Ceñidor, y en época cristiana Alficén. En ocasiones, ésta fue aprovechada como cimiento de edificaciones posteriores, como el caso de Santa Fe, facilitando su conservación. La alcazaba cerraba el recinto del barrio residencial de los caídes y la guarnición protegiendo a su vez a la población con un dominio directo sobre el puente Alcántara, quedando organizada aprovechando el espacio aterrazado del terreno, al igual que sucedió en la ciudad palatina de Madinat al-Zahra’. 

En época califal, al-Hizám contó con dos puertas, la del Puente y la del Alcántara, aquella posiblemente coincidente con el actual Arco de la Sangre, ampliamente reformado después de la Guerra Civil. Durante el período taifa es posible que se añadiera un nuevo acceso para conectar con los palacios del rey al-Ma’mún situados en la parte noroeste del recinto, e hipotéticamente se ha planteado que la Puerta de Alfadá o de la Explanada pudiera coincidir con la travesía de Santa Fe.

En Santa Fe, este muro se utilizó como cierre exterior, quedando claramente visible en el sector occidental del edificio. Las últimas investigaciones realizadas han permitido constatar que nos encontramos ante una estructura ciclópea asentada en la roca y levantada con un aparejo asimétrico integrado por grandes bloques rectangulares e irregulares de piedra granítica colocados en la base verticalmente y en el alzado de forma horizontal, generando hiladas de 0,50 m y 0,80 m de altura. La amplia junta existente entre ellos queda disimulada con un enripiado de teja y pequeños cantos de granito. Por las características referidas, nos encontramos ante un modelo de factura islámica generalizado en el área peninsular hacia mediados del siglo VIII, o entre los siglos VIII-IX, una cronología que determina que ya en época emiral la alcazaba gozaba de una sólida estructura e identidad, aunque deba a ‘Abd al-Rahmán III su consolidación y ampliación tras la toma de Toledo en el año 932. 

La ciudadela integraba construcciones de carácter político y militar, y a su vez defendía el área palatina a la que se alude en diversas crónicas históricas. El primer palacio musulmán que consta en esta ciudad es el del muladí Amrus, construido en época de al- Hakám I en torno a finales del siglo VIII, posiblemente con tapial.
(Fuente: El Día Digital)

3 de junio de 2010

¿Quienes eran los moriscos?

Los moriscos (palabra que deriva de "moro") fueron los musulmanes españoles bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos del 14 de febrero de 1502. Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo romano de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente en adelante pasaron a ser denominados moriscos. Antes de la conversión forzada, a los musulmanes que vivían practicando de manera más o menos abierta su fe en los reinos católicos romanos la historiografía los llama mudéjares, aunque en la época esta denominación se refería sobre todo a los musulmanes del Reino de Castilla, ya que en Aragón se les llamaba simplemente moros y, en Valencia, sarraïns ("sarracenos"). (Wikipedia)


"Morisco" es la palabra que usa la historiografía para referirse a estos musulmanes catolizados, aunque en la época se usaba también con frecuencia cristiano nuevo, o más específicamente cristiano nuevo de moro, para diferenciarlos de los judíos bautizados, que también eran cristianos nuevos.

En 1491 Boabdil, el último rey nazarí, capituló ante los Reyes Católicos y negoció la entrega de Granada el 25 de noviembre. Entre otras cosas se acuerda:


Desembarco de moriscos en Orán.

«Que los moros podrán mantener su religión y sus propiedades. Que los moros serán juzgados por sus jueces bajo su ley, que no llevarán identificáis que delaten que son moros como las capas que llevan los judíos. Que no pagarán más tributo a los reyes católicos que el que pagaban a los moros. Que podrán conservar todas sus armas salvo las municiones de pólvora. Que se respetará y no se tratará como renegado a ningún católico que se haya vuelto moro. Que los reyes sólo pondrán de gobernantes gente que trate con respeto y amor a los moros y si estos faltasen en algo serían inmediatamente sustituidos y castigados. Que los moros tendrán derecho a gestionar su educación y la de sus hijos».

La población morisca se concentraba sobre todo en tres regiones de España: Castilla (menormente y con presencia muy localizada en las actuales provincias de Ávila y Salamanca) Aragón, Valencia y Granada.

Al haber sido el último reino islámico de la Península, en esta región se concentró hasta los años setenta del siglo XVI el mayor contingente morisco, mayoritario y muy escasamente aculturado: hablaban corrientemente el árabe, conocían bien el islam y conservaban la mayor parte de los rasgos culturales que les eran propios: vestido, música, gastronomía, celebraciones, etc.

Texto aljamiado (en castellano pero con grafía árabe).

Con motivo del primer levantamiento del Albaicín que se extendió por las Alpujarras en 1500 (del que hablaremos más adelante), los católicos aprovecharon para afirmar que los musulmanes habían quebrantado el pacto alcanzado en 1491. Por ello dictaron la Pragmática de 14 de febrero de 1502, que ordenaba la conversión o expulsión de todos los musulmanes del reino de Granada, exceptuando a los varones de menos de 14 años y las niñas menores de 12, antes de abril del citado año. Esta Pragmática supuso un quebrantamiento de los compromisos firmados por los Reyes Católicos con el rey Boabdil en las Capitulaciones para la entrega de Granada, en las que los vencedores castellanos y aragoneses garantizaban a los musulmanes granadinos la preservación de su lengua, religión y costumbres.

Con la Pragmática de 1502 los mudéjares de toda España tuvieron que ir a las iglesias a bautizarse. Se les preguntaba qué nombre querían tener, y si alguno no entendía bien el castellano, cosa que pasaba sobre todo en el antiguo reino de Granada, o no se le ocurría ningún nombre, se le ponía Fernando si era hombre e Isabel si era mujer. La conversión fue general en todas partes. A partir de esta conversión forzada, los mudéjares dejaron oficialmente de serlo, ya que estaban bautizados y se les llamaba moriscos.

Para evitar el exilio, la mayoría de los musulmanes optaron por la conversión al catolicismo. La conversión fue general en todo el Reino de Granada. Durante el reinado de Carlos V, gracias al apoyo que los moriscos prestaron al rey y a sustanciosos donativos, la corona adoptó una posición flexible con ellos y les permitió que conservaran sus usos y costumbres. De esta forma, los moriscos se mantuvieron como una comunidad propia sin integrarse en la sociedad española de su tiempo. Hasta el segundo levantamiento de las Alpujarras (1568-1571) (Continuará...)

24 de mayo de 2010

¿Quienes fueron los mudéjares?

Mudéjar es un término que deriva de la palabra árabe مدجّن [mudaÿÿan] que significa "doméstico" o "domesticado" y que se utiliza para designar a los musulmanes españoles que permanecieron viviendo en territorio conquistado por los cristianos, y bajo su control político, durante el proceso de avance de los reinos cristianos hacia el sur (denominado Reconquista), que se desarrolló a lo largo de la Edad Media en la Península Ibérica. Se les permitió seguir practicando la religión islámica, utilizar su lengua y mantener sus costumbres.

Iglesia de San Andrés en Cuéllar (Segovia)


Se organizaban en comunidades denominadas aljamas o morerías con diversos grados de autogobierno, según las condiciones de rendición, o de subordinación: en el caso de Baleares, la total esclavitud, en otros casos, la vinculación a la tierra en condiciones de servidumbre feudal. En Valencia existían los denominados moros paliers (protegidos del rey) y otros de menor grado de protección (decimati y quintati).1 Su gran mayoría, de condición social humilde, eran campesinos con una especial vinculación a la agricultura de regadío (huertas y vegas, terrazas en las laderas) o artesanos especializados (albañilería, oficios textiles -cordobanes, sedas-). Con el tiempo, las condiciones de convivencia y tolerancia se fueron endureciendo, restringiendo los contactos sociales y económicos entre comunidades; a la tradicional separación de carnicerías (basada en el especial método de sacrificio) se añadió la prohibición de contactos profesionales y matrimonios mixtos. Las revueltas mudéjares fueron numerosas a partir del siglo XIII, y provocaron la despoblación de algunas zonas (Valle del Guadalquivir, Norte de Alicante), aunque se mantuvieron en otras, sobre todo en el Levante, tanto castellano (Murcia), como aragonés (resto del reino de Valencia -Denia, Játiva, Segorbe-, e incluso en el valle del Ebro -Borja, Tarazona, Huesca, Teruel, Zaragoza, Calatayud-). A finales de la Edad Media representaban el 11 por ciento de la población de la Corona de Aragón.

La Guerra de Granada (1482-1492) proporcionó la definitiva ampliación del concepto de mudéjares a todos los musulmanes peninsulares. En principio las condiciones de la rendición les permitía su continuidad y el ejercicio de la religión islámica, sin embargo, el incumplimiento de las condiciones pactadas por parte de los cristianos originó los primeros conflictos. A partir de la revuelta del Albaicín y la de los mudéjares granadinos en 1499, por el decreto de 1502 fueron obligados a convertirse al cristianismo, pasando así a denominarse moriscos, que a pesar de ello continuaron con sus costumbres diferenciadas y el ejercicio clandestino de su religión. La rebelión de las Alpujarras (1568) llevó a la dispersión de los granadinos por el interior de Castilla (no así los de Levante), y la imposibilidad de integración y el recelo a su connivencia con los piratas berberiscos y el Imperio turco llevó a la decisión de la expulsión de los moriscos en 1609.

8 de mayo de 2010

Recuperado el convento-santuario de La Peregrina en Sahagún (León)






 Los amantes del arte podremos contemplar restaurado, a finales de octubre, el convento-santuario de La Peregrina de Sahagún, cuya recuperación ha generado hallazgos como arcos califales, yeserías hispanomusulmanas y enterramientos que consolidan al monumento como la mayor joya mudéjar del noroeste hispano.

Destrozado y esquilmado por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia, troceado y vendido en lotes en la Desamortización de Mendizábal, arruinado tras tiempos de abandono, desde el año 2006, este edificio del siglo XIII viene siendo recuperado, merced a unas inversiones que alcanzarán en distintas fases unos 6 millones de euros.
En Sahagún, que en la Edad Media era una importante ciudad bajo el poder de los benedictinos, se asentaron los franciscanos a mediados del siglo XIII y emprendieron la edificación -en 1257- de un ambicioso convento, en el extrarradio de la población.

Para Jose Ramón Sola, director de este proyecto de restauración, los franciscanos realizaron un proyecto magnificente, que en buena medida está en desacuerdo con la propia humildad de la orden, creando un edificio en un otero dominador de la ciudad, que entonces era la capital del Cluny en España.
Desde entonces, las obras avanzaron aportando elementos de una inusitada variedad y complejidad, algunos de los cuales se han descubierto en la restauración, de modo que si en algunos momentos parece que se traspuso a Sahagún el estilo constructivo de Toledo, en otros se impusieron marcadas influencias cordobesas.
El resultado fue un conglomerado de obra en ladrillo, que abarca arcos de medio punto, ojivales, polilobulados, túmidos y añadidos barrocos.

El Santuario fue destrozado y esquilmado por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia

La obra tiene inusitadas complejidades; entre ellas hay que apuntar que la gran nave fue rebajada cuatro metros de altura para poner una estructura barroca (siglo XVII) en el interior, con sus columnas que se acoplan a los paramentos de la iglesia original, o con un claustro -del que sólo queda una panda- que se construyó sin apoyarse en el muro de la iglesia, dejando un pasillo entre ambos elementos de apenas un metro de anchura.
Tras la desamortización la mayor parte del convento se destruyó y se salvó apenas una panda del claustro, la iglesia y el camarín exterior donde se veneraba la imagen de la Virgen Peregrina, una obra de la prestigiosa escultora sevillana Luisa Roldán, La Roldana, (1656-1704) que ahora se halla en un convento de monjas del lugar.

Entre los elementos más valiosos, destaca la decoración exterior, donde abundan diversos tipos de arquerías de influencia toledana; el extraordinario ábside, al que afluía la luz por seis grandes vanos, y la magnífica capilla de Diego de Sandoval, donde destaca un magnífico conjunto con yeserías que están siendo restauradas -e incluso descubiertas- en estos días.

No es extraña toda esa compleja obra de aire musulmán, porque -dice Sola- Sahagún era una ciudad de las tres religiones, en la que había aljama judía, barrio musulmán y barrio cristiano, atendido éste por otras nueve parroquias.
Para Sola, así como en otros territorios peninsulares los mudéjares eran esencialmente trabajadores del campo, en Sahagún eran constructores que tenían una gran tradición y variedad de conocimientos, como se revela con el hallazgo de los arcos túmidos descubiertos en estas obras.
Pero los elementos que se han descubierto van más allá: pinturas, enterramientos? y hasta capiteles de piedra, románicos, que han aparecido en medio de las paredes, y que parece que soportaban las bóvedas del coro, en la parte trasera del templo.
La recuperación de La Peregrina supone una aportación excepcional para Sahagún, donde existen otros edificios de factura románico-mudéjar, especialmente las iglesias de San Tirso y San Lorenzo, esta última, por desdicha, con problemas de estructura y cerrada al culto en la actualidad. EFE tad/bmc/orv

25 de abril de 2010

Toledo: la ciudad de las tres culturas

Tras su conquista por Alfonso VI en 1085, Toledo se convirtió en encucijada de tres culturas y ejemplo de convivencia entre mudéjares, mozárabes, judíos y cristianos del norte, acogiendo iniciativas culturales tan notables como la de la famosa Escuela de Traductores.


Tras ocupar Toledo en 1085, Alfonso VI de León y Castilla garantizó los derechos de los musulmanes, los judíos y los cristianos arabizados que vivían en la ciudad, dando así inicio a un pionero ensayo de tolerancia. Toledo se convirtió en la ciudad de las tres culturas. Al contemplar la ciudad encaramada sobre su promontorio y abrazada por las gargantas que el Tajo ha tallado en la roca, al-Idrisi, el gran viajero andalusí del siglo XII, podía exclamar con justicia: «Toledo está por encima de cuanto se dice de ella.
Dios la ha adornado como a una novia, ciñendo su cintura con un río parejo a la Vía Láctea y coronando su cabeza».

No fue éste el único elogio que Toledo suscitó durante la Edad Media. Capital del reino visigodo destruido por la invasión islámica de 711 y que los cristianos querían restaurar, la ciudad del Tajo fue símbolo de unidad y de pluralidad, de la Reconquista y de la tolerancia. Durante siglos residieron dentro de sus muros gentes de diversas religiones y culturas en un clima de convivencia pacífica que se haría legendario. Tras la victoria cristiana de las Navas de Tolosa (1212), cuando la frontera se trasladó a Sierra Morena, la ciudad del Tajo quedó libre de la presión musulmana. La sociedad que se desarrolló en Toledo a lo largo de ese periodo estuvo marcada por la convivencia de comunidades con identidades diferentes, tanto culturales como religiosas. La toma de Toledo en 1085 se tradujo en una capitulación que favorecía a todos sus habitantes.

Alfonso VI se comprometió a respetar los bienes y creencias de los musulmanes, aunque estaban obligados a satisfacer los impuestos que antes pagaban a las autoridades musulmanas. Aunque, según el acuerdo de capitulación los musulmanes podían conservar la gran mezquita, en 1086 el arzobispo de Toledo la ocupó y la consagró como catedral cristiana. En 1090 Alfonso VI otorgó a los judíos que vivían en su reino un fuero conocido como ‘Carta inter christianos et judaeos’ que les equiparaba en derechos a los cristianos. Las autoridades cristianas de Toledo dictaron normas por las que se prohibía a los mudéjares compartir mesa o casarse con cristianos y acceder a cargos públicos. Mientras que mozárabes y mudéjares convivían abiertamente en la ciudad, los judíos, cuya presencia en Toledo se remontaba a la época romana, residían en un barrio propio. Los judíos de Toledo desempeñaron numerosos oficios de carácter artesanal, pero destacaron en el ámbito del comercio y las finanzas, y desempeñaron un importante papel en la vida intelectual de la ciudad. Durante la ocupación cristiana, Toledo no sufrió destrucciones ni saqueos, por lo que conservó su trama urbana y sus edificios más emblemáticos. Por último, entre 1252 y 1284 Alfonso X marcó el apogeo de la Escuela de Traductores.

Via: historiang.com