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26 de enero de 2015

Los arqueólogos encuentran los restos del foro imperial de Sagunto (Valencia)

Con más de 70 metros líneales es la mayor plaza pública de época romana encontrada en esta ciudad. Se han hallado los basamentos de una puerta de dos metros de ancho, una  cloaca y dos estancias de 5x3,5 metros adosadas al recinto. También han salido a la luz los restos de un convento medieval.
Los arqueólogos muestran los hallazgos a las autoridades locales que visitaron el solar donde han aparecido los restos.
FOTO: LAS PROVINCIAS
Las excavaciones arqueo­lógicas que se han llevado a cabo en el solar Quevedo de Sagunto han sacado a la luz la mayor plaza pública de la época romana que existe en la localidad. Se trata de un re­cinto monumental del siglo II después de Cristo, que cons­tata la gran área que se creó en esta zona de la ciudad en sintonía con el circo romano y la Vía del Pórtico.

Los arqueólogos Víctor Algarra y Maite Sánchez han recuperado dos grandes mu­ros de este monumental re­cinto. Uno de ellos supera los 36 metros lineales, y el otro unos 30 metros, lo que signi­fica que este recinto “supe­raría los 70 metros lineales”, según ha explicado Algarra. Dada sus dimensiones, todo apunta a que se tratara de una gran plaza pública.

UNA PUERTA MONUMENTAL
Además, según el arqueó­logo Víctor Algarra, en el ex­tremo sur del muro este “he­mos encontrado una puerta monumental de este recinto”. “Se han hallado los basamen­tos de lo que sería la puerta, que podría medir más de dos metros de anchura. También se ha recuperado el suelo de la puerta con grandes losas”, matiza Algarra.


Junto a estos dos grandes muros, la pareja de arqueólo­gos ha descubierto una cloa­ca que atraviesa en diagonal este conjunto monumental. Y otro gran descubrimiento ha sido el hallazgo de dos estan­cias que se adosan al recinto. Se trata de dos habitaciones rectangulares de 5x3,5 me­tros. “En estos momentos estamos estudiando la época de estas dos estancias, pero todo apunta a que sean an­teriores al recinto romano, pero que funcionaran juntos durante un tiempo”.

UN CONVENTO MEDIEVAL
De la época medieval, las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz el Conven­to de la Trinidad que funcionó en el municipio hasta 1833, cuando la desamortización de Mendizábal cerró las puertas de la mayoría de estos cen­tros religiosos. A partir de esta fecha, el edificio fue uti­lizado para otros usos, inclu­so albergó una instalación in­dustrial hasta principios del siglo XX.

De esta época medieval se conservan parte de las media­neras del convento que datan del siglo XVII cuando se am­plió el convento. Este muro de medianeras se ubica en la parte sur del solar mirando a la calle Ordoñez y Remei.

Los arqueólogos también han hallado la caja de una escalera que comunicaba las estancias del convento, y una noria de más de dos metros de diámetro, que permitía re­gar los huertos que tenía el convento en la zona.

En cuanto a los elemen­tos de cerámica que se han hallado, Algarra destaca que se ha descubierto una gran cantidad de material pero la mayoría en mal estado debido a las obras que se realizaron en los años 70 y que se parali­zaron debido al gran valor de los restos arqueológicos. No obstante, se han recuperado ánforas, cerámica de cocina como ollas y cazuelas, de va­jilla y algún trozo de metal, piezas de hueso, de vidrio y una moneda romana.

INTEGRAR ELEMENTOS Y HACERLOS ACCESIBLES
El hallazgo del gran recinto monumental romano ha obli­gado a la empresa de arqui­tectos Torres Alegría a modi­ficar el proyecto inicial, para poner en valor esta gran zona verde pública de 1.600 me­tros cuadrados, que lleva más de 40 años abandonada. El objetivo es integrar todos los elementos hallados y hacer­los accesibles a la ciudadanía con paneles explicativos. El presupuesto estimado supera los 480.000 euros.
(Fuente: El Periódico de aquí / M. Martínez)

19 de junio de 2014

Aparece en Sagunto un altar de época romana

Se trata de un ara votiva romana que ha aparecido en las proximidades del Muro de Diana (Bien de Interés Cultural), detrás de la Iglesia de Santa María de Sagunto (Valencia). La pieza, que contiene una inscripción referida al dios Dracónibus, es de caliza travertínica, mide 25 x 25 centímetros y conserva restos de la pintura roja original
En la imagen se pueden observar las inscripciones que están siendo sometidas a un estudio más profundo.
Foto: LAS PROVINCIAS
El ara se encontraba reutilizada como material de construcción en un muro, pues hasta épocas no muy lejanas era común usar piezas de piedra antiguas a modo de sillares para nuevas construcciones, ha informado la Generalitat en un comunicado. El descubrimiento de este ara es excepcional ya que existen pocas inscripciones de este tipo de piedra, procedente posiblemente de las canteras de Viver, en Sagunto.

Además, conserva restos de pintura roja original en algunas letras (óxido de hierro con aglutinante), que se conserva en pocas ocasiones.

DEDICACIÓN A UN DIOS LOCAL
Aunque se encuentra en proceso de estudio para su traducción y adscripción cronológica, se puede leer en latín en la primera línea D R A C O N I B V S, en la segunda P - B A E B - H E R M A y la tercera V S L A.

La primera línea corresponde a dedicatoria: "para Draconibus", que puede ser un dios local aunque se trata de una primera hipótesis a falta de un estudio más profundo, ya que hay una ausencia de bibliografía sobre este dios.

La segunda línea corresponde al nombre de quien la ofrece, que es el liberto Publio Baebio Herma, y la tercera línea hace referencia a las iniciales de "ha cumplido su voto de buen ánimo".

La pieza presenta doble moldura corrida en tres de sus lados. En la parte anterior las molduras enmarcan la inscripción y la trasera no tiene moldura puesto que está preparada para adosarla. Las letras tienen unas dimensiones de entre 2,5 a 3 centímetros y la moldura es de 1,5 centímetros.

Esta primera aproximación al estudio de esta pieza arqueológica ha sido realizada por los técnicos del Museo de Arqueología de Sagunto en colaboración con el profesor Pere Pau Ripollés de la Universitat de València.

El ara votiva se encuentra actualmente depositada en el Museo de Arqueológica de Sagunto y formará parte de los fondos permanentes de este museo, concretamente será parte de la Colección Epigráfica Romana, que es una de las más relevantes de la Comunitat Valenciana formada por 220 inscripciones.

(Fuente: Generalitat Valenciana / Foto: Las Provincias)

6 de noviembre de 2012

Nuevos hallazgos cuestionan la fundación romana de Valencia

El origen prerromano de Valentia (la Tyris ibérica) ha sido una de las cuestiones más polémicas a las que se ha enfrentado la historiografía valenciana en las últimas décadas. Las piezas encontradas en la calle Ruaya servirán para demostrar si Valencia es más antigua de lo que se piensa., 
Poco sabemos de la fundación romana de Valencia, datada en el año 138 antes de Cristo, a cargo del cónsul Junio Bruto en la parte alta de una pequeña terraza fluvial del Turia atravesada por la vía Heraclea y a medio camino entre Saguntum y Cartago Nova. Y anterior a esa época, se cuestiona todo conforme se descubren hallazgos arqueológicos.
Vista de los restos hallados en la calle Ruaya en 2008 durante la
construcción de un parking y que demuestran que en esta zona hubo
actividad humana en los S. III y IV a. de C.
Foto: Juan Carlos Cárdenas / EFE

El último descubrimiento, un conjunto de piezas cerámicas datado en el siglo III antes de Cristo, hace tambalear los orígenes anteriores a la Valencia romana. 

Este «tesoro», en palabras de la concejal de Cultura, se localizó en la calle Ruaya durante unas excavaciones realizadas en 2008 previas a la construcción de un parking. 

Estas piezas servirán para demostrar si «Valencia es más antigua de lo que se piensa», matizó Mayrén Beneyto, quien anunció que los restos cerámicos, una vez limpiados y recuperados, se expondrán en un museo municipal.

Alrededor de una veintena de piezas aparecieron en un solar tras las primeras obras.
Una parte aún se conserva en las instalaciones del Servicio de Arqueología Municipal y el resto está en el Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (Ivacor).

El origen prerromano de Valentia (la Tyris ibérica) ha sido una de las cuestiones más polémicas a las que se ha enfrentado la historiografía valenciana en las últimas décadas. En esta línea profundizan los técnicos del Ayuntamiento de Valencia al revisar «cerámica ibérica, romana y griega, dos monedas cartaginenses, ánforas de Cádiz y Túnez, además de bolsas de riego, zonas de desperdicios y algún pozo, que indican que era una zona de huerta habitada y cultivada en esta época, antes de la fundación de la ciudad de Valencia», explicó Albert Rivera, el jefe del Servicio de Arqueología de Valencia.

¿Este hallazgo significa que Valencia ya existía antes de la fundación romana? No hay una respuesta cierta, pero sí numerosas hipótesis. Los restos encontrados en la calle Ruaya demuestran que anterior al nacimiento de la Valencia romana había actividad humana. Los expertos desconocen si este descubrimiento arqueológico corresponde a la existencia de una ciudad colindante o es la misma Valencia.

Puerto o emporio comercial
«No necesariamente ha de ser una cosa urbana», apuntó Rivera. Podría tratarse de un puerto, ya sea conectado a la Albufera o al Mediterráneo, o quizá los restos respondan a la existencia de un emporio comercial. Certezas históricas, de momento, hay pocas. Aún así la arqueología es de la única herramienta que permite desenterrar partes importantes del pasado para devolverlo al futuro.

Los restos arqueológicos de la calle Ruaya son de los más antiguos encontrados en la capital. Su valoración histórica está vinculada a su ubicación, alejado del centro de Valencia, que fue fundada siglos después al poblado íbero que, según las primeras investigaciones, tuvo actividad agrícola y comercial en lo que hoy se conoce como la calle Ruaya.

La Valencia actual acumula en su subsuelo abundantes fragmentos de las estructuras urbanas y las arquitecturas de las sucesivas ciudades que la precedieron. Conforme pasan los años es más complicado descubrir las huellas de los primeros pobladores. Tampoco facilita nuevos hallazgos la crisis económica, que no sólo congela el presupuesto para obras sino que frena cualquier actuación inmobiliaria que obligue a excavar o remover el subsuelo.

12 de diciembre de 2011

Los puntos negros del patrimonio valenciano

El abandono, el expolio y el vandalismo amenazan joyas históricas y arqueológicas que ya arrastran daños irreversibles
Defendieron poblados durante siglos en guerras y escaramuzas, embellecieron ciudades emergentes o custodiaron las cuitas de nuestros antepasados. El patrimonio valenciano respira con dificultad. A los achaques de la edad se suma una terrible enfermedad que recuerda a la 'Nada' de La Historia Interminable. El olvido avanza por un reino que no es, precisamente, el de Fantasía. En muchos sitios la historia sí que se ha terminado porque ha desaparecido. Castillos completamente borrados del mapa, yacimientos arqueológicos de primer orden sepultados bajo la hierba o templos en los que sólo quedan unas pocas estructuras en pie.
Gráfico del patrimonio valenciano en peligro.
La financiación necesaria para consolidar, mantener o, simplemente, salvar de la extinción muchos de estos restos históricos hace tiempo que no llega, especialmente ahora que la crisis ha asfixiado partidas que ya eran, en algunos casos, exiguas.
Dar una vuelta por el patrimonio valenciano es hoy una tarea desagradecida y poco alentadora. En la Comunitat Valenciana había contabilizadas 764 construcciones entre fortalezas, torres, masías e iglesias fortificadas y 277 son castillos. De las 102 fortificaciones contabilizadas en la provincia de Valencia, el 80% se encuentra muy destruido o en avanzado estado de deterioro. Hay restos que, incluso ya han desaparecido por completo. Así lo demuestra un estudio elaborado por investigadores de las Escuelas de Arquitectura, Caminos y Agrónomos de la Universidad Politécnica de Valencia, en colaboración con la Asociación de Amigos de los Castillos, que ha analizado a fondo los últimos 45 recintos que básicamente quedan en pie. Para elaborar esta radiografía se descartaron vestigios «de los que se tenía constancia documental pero que, por desgracia, han desaparecido por completo, lo que da una idea del gran grado de debilidad en el que se encuentran estas fortalezas que dieron su vida y salvaguardaron pueblos que ahora los han olvidado por completo», explica Manuel Ramírez, experto y director del trabajo de investigación.
La falta de financiación, azuzada ahora más que nunca por la crisis económica, junto a repetidos expolios y cuantiosos actos vandálicos que se ceban en estos enclaves, normalmente apartados donde no hay ninguna vigilancia o medida de protección, son las plagas que están minando poco a poco el legado valenciano.
Memoria perdida
Las fortalezas que no están en manos privadas están catalogadas, en su mayoría, como Bien de Interés Cultural (BIC). No obstante, los listados actuales de estos lugares protegidos son muy escuetos y a veces poco claros.
Este estudio ha concretado muchas características de los castillos que han sobrevivido. «Se ha obtenido cuantiosa información que no estaba catalogada y fotografías que ni siquiera están en las bibliotecas». Todo este trabajo de campo puede ser la base «para poder actuar o intervenir, un primer paso fundamental» que rescate todo este legado.
Pero el avance lo deben dar las Administraciones y en este punto la «cooperación es clave, fundamental. Todas las Administraciones son responsables del mantenimiento y recuperación de este patrimonio pero hoy esa colaboración no existe y estamos perdiendo un rico patrimonio cultural, histórico y paisajístico». Muchas personas ni siquiera pueden visitar estos conjuntos porque, sencillamente, es imposible acceder a ellos. No hay sendas, ni camino, ni itinerarios, ni carteles orientativos de ningún tipo. Para dar a conocer cuál es la delicada situación de este patrimonio, el equipo de investigación de la Universidad ha planteado al Ayuntamiento de Valencia mostrar todo este material «en una de las pocas fortalezas que quedan en la ciudad, las Torres de Quart».
El rosario de ejemplos de restos históricos y arqueológicos en apuros es abrumador. El castillo de Sagunto, Monumento Histórico Artístico, acumula más de 30 puntos negros en materia de seguridad para el visitante, carece de carteles explicativos o formativos y parte de sus murallas se mantienen en pie a duras penas, asediadas por filtraciones, tímidas inversiones y millones de chumberas que ocultan y dañan los restos.
 Poblado amurallado de Berfull, en Rafelguaraf.
El castillo comparte su desdicha con un BIC situado a pocos kilómetros, el Grau Vell de Sagunto. Se trata de uno de los recintos portuarios excavados más importantes del Mediterráneo y el único que queda de la costa valenciana pero desde hace años está sepultado por maleza y tierra y sin un proyecto de consolidación y musealización que permita hacerlo visitable.
Hace más de seis años dos prospecciones subacuáticas confirmaron la existencia de otro yacimiento contiguo, esta vez sumergido, donde se detectaron restos de una antigua construcción (un posible faro) y vestigios de cargamentos de las naves romanas que fondeaban cerca de la costa. Nada de esto ha podido salir a la luz.
En comarcas como la Ribera hay Bienes de Interés Cultural que más que joyas históricas parecen casas abandonadas. Es el caso del poblado amurallado de Berfull, en Rafelguaraf. Se trata de una urbe medieval fortificada compuesta por una sola calle y ubicada en medio de un llano. Es una de las pocas edificaciones de este tipo que hay en la Comunitat. Humedades, basura y enormes derrumbes convierten estos vestigios en auténticas ruinas. Una de las señas de Benifaió es la Torre de Musa, un torreón de origen árabe del siglo XIII que lleva años esperando una intervención.
Otro yacimiento histórico valenciano olvidado por la falta de intervenciones es la ciudad ibérica de Caudete, de los siglos V al III a.C., que acumula muros dañados. El Puntal dels Llops en Olocau (Valencia) es un fortín del siglo III a.C. que también se desmorona. El Castellet de Bernabé en Llíria, un caserío fortificado, está amenazado por desprendimientos y vegetación invasiva. «Su estado de conservación actual es muy malo. Se actuó en los años ochenta y desde entonces no se ha vuelto a intervenir», apunta Consuelo Mata, investigadora y profesora del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universitat de València.
En este paseo no apto para deprimidos hay que recalar por la Safor, comarca en la que también hay puntos negros como la capilla de l'Assumpció de la Mare de Déu de Gandia, muy cercana a la Insigne Colegiata, cuyo estado es tan crítico que asociaciones en defensa del patrimonio alertan de peligro de derrumbes debido a graves problemas estructurales.
También la ermita de Sant Vicent, que en su origen podría haber sido una mezquita, está en situación de avanzada degradación.
Otro caso es el de la ermita de la alquería de Martorell, asediada por filtraciones, goteras y cañizo podrido entre sus vigas. La imagen que presenta la vieja ermita es deplorable. Este edificio histórico lleva mucho tiempo descuidado. Tanto es así que el Ayuntamiento se vio obligado hace unos dos años a derribar la cubierta para que no se desplomara. Las inclemencias meteorológicas contribuyen a empeorar la situación. El templo es del siglo XX, no obstante su importancia radica en que está construido junto a un trapig del siglo XVI, en el que se molía caña para obtener azúcar.
Uno de los temas de más actualidad en conservación del patrimonio en Gandia es el de l'Alqueria de la Torre dels Pares, ubicada en los terrenos colindantes al futuro hospital comarcal, y que también presenta partes degradadas y ha sufrido actos vandálicos.
En la provincia de Castellón hay más vestigios que no pasan por su mejor momento. Es el caso de la Iglesia de la Purísima Concepción de Vall de Almonacid, que fue cerrada al culto en abril de 2005 cuando varias catas confirmaron la falta de solidez del firme y los problemas de cimentación del templo. Filtraciones de agua ya se llevaron por delante parte de la cubierta. Las crecientes grietas y la caída de cascotes suponían un peligro para los feligreses que, desde el cierre, celebran los oficios religiosos en un edificio municipal. Casi cinco años y medio después, se habló de ejecutar un proyecto de rescate que comenzaría en 2011. No ha empezado.
La Cartuja de Vall de Crist de Altura es otro ejemplo de joya histórica en apuros. Su existencia arranca en 1385 cuando se colocó la primera piedra de la iglesia de San Martín. Hoy, siete siglos después, es uno de los escasos edificios que se conservan dentro de este conjunto catalogado BIC. Sus ruinas piden a gritos una rehabilitación integral y un plan director para frenar los derrumbes que padece, el último en un muro de la cocina.
Actos vandálicos y robos «continuos han dañado aún más el antiguo monasterio. Este lugar ha tenido enorme importancia en el tiempo y hoy está en ruinas. Hace poco prometieron ejecutar el techado de la iglesia mayor, para poder preservar los muros», explica Manuel Sellés, miembro de la Asociación Cartuja de Vall de Crist, entidad que nació precisamente para rescatar del olvido este monumento y que hoy cuenta con más de un centenar de socios.
Otro detalle de hasta qué punto faltan medios para, al menos, dar a conocer el patrimonio insignia valenciano es la falta de folletos del museo de un tesoro cultural de la provincia y el único declarado Patrimonio de la Humanidad; la Valltorta. Tras agotarse recientemente, en la sala tuvieron que fotocopiar el último, que es lo que dejaban al turista para informarse. Desde que en 1998 la Unesco declarara Patrimonio de la Humanidad las pinturas rupestres que se conservan ha habido muchos planes. En noviembre el presidente de la Diputación, Javier Moliner, anunció un nuevo impulso para promocionar este rico legado. Quien sabe si algún día la historia valenciana podrá ser, por fin, interminable.
(Fuente: Las Provincias / Marina Costa)

15 de noviembre de 2011

Zonas de peligro, derrumbes y robos amenazan al castillo de Sagunto (Valencia)


El monumento bimilenario se asfixia entre actos vandálicos, vigilancia bajo mínimos y cincuenta puntos negros en materia de seguridad 
Visitar el castillo de Sagunto es un paseo para exploradores intrépidos sin miedo a las alturas y arqueólogos expertos. La tarea de entregarse a la cultura y la historia de este monumento bimilenario es misión imposible para el común de los mortales.
Piedras acumuladas sin clasificar o explicar, ni un sólo panel informativo, lienzos de muralla cogidos 'por los pelos', chumberas por doquier y escaleras y accesos de tránsito libre para vivir el riesgo muy de cerca.
Sagunto es una de las ciudades con más historia de España.
La acrópolis saguntina esconde entre sus muros «más de cincuenta puntos negros en materia de seguridad. No hay barandillas de ningún tipo, ni zonas acotadas por riesgo de desprendimiento o caída. Ni siquiera avisos de peligro. Cualquiera puede acceder a cualquier parte, incluso los niños se suben a zonas realmente muy peligrosas», explica el investigador saguntino Francisco Herraiz, que ha realizado durante los últimos años varios estudios sobre la seguridad del recinto.
Los más de 80.000 turistas que visitan al año la acrópolis pueden subir por las murallas a discreción, arrancar piedras históricas o dañarlas e, incluso, asomarse al vacío desde miradores o ventanas que dan a la nada. Muchos de estos visitantes son menores que acuden en grupos escolares.
«Suben escalinatas sin barandillas o pasan por encima de dinteles partidos deteriorados porque no hay ningún acceso restringido o cartel que prohiba el paso». Y es que una vez cruzado el acceso principal, donde se encuentra la garita del vigilante, el control se esfuma. El amplio perímetro del castillo, unos cuatro kilómetros, deja multitud de zonas arqueológicas 'a mano' de insensatos, ladrones o vándalos.
Metros de cableado de la iluminación, focos protegidos por rejillas y anclados en el suelo y hasta material de los equipos de expertos que trabajan en la acrópolis desaparecen fruto de hurtos y actos vandálicos «constantes».
Sólo las pasarelas de aluminio colocadas en el acceso al recién concluido centro de visitantes, que por cierto lleva cerrado más de diez meses a la espera de que haya conexión eléctrica, se han sustraído hasta en tres ocasiones.
Junto a dicho acceso hay una docena de tumbas recreadas del antiguo cementerio judío, una joya prácticamente única en España, que pasa absolutamente desapercibida. No hay avisos, ni carteles. El recinto está al alcance de cualquiera porque algunas vallas del cerramiento llevan meses tiradas en el suelo. Los cipreses que se plantaron están secos porque no se han regado y no hay ni un sólo panel que aclare al estoico visitante qué demonios está viendo ahí.
«Si ya se acometen pocas inversiones y las que se realizan caen en saco roto, en el olvido o en la desidia y no se mantienen o promocionan de alguna manera, no sé cómo se va a potenciar todo esto», apunta Herraiz.
Aunque la Policía Local realiza con cierta asiduidad batidas de vigilancia por algunas zonas, especialmente cuando los robos proliferan, el amplio perímetro del recinto y los puntos de difícil acceso de la ladera dejan al Monumento Nacional prácticamente desprotegido, especialmente durante las noches.
A principios de este año «pillaron in fraganti a varios individuos que estaban excavando en el suelo para arrancar cables de la luz» y hace unos meses la Policía Nacional desarticuló una banda de cuatro hombres acusados de robar hasta seis veces cable de cobre en el castillo de Sagunto.
A punto de caer
Otro problema acuciante es el estado de muchos tramos de muralla. Las filtraciones de agua y la proliferación de vegetación invasiva, que afecta seriamente a la sujeción de los lienzos, junto a la falta de labores de mantenimiento y consolidación, extienden la degradación y el riesgo de derrumbe a muchos sectores amurallados.
«Hay trozos que ya se han desplomado y otros están a punto de caer. La tercera cisterna más grande del castillo está agrietada de parte a parte y si no se repara podría venirse abajo en cualquier momento. Tiene unos seis metros de profundidad y si alguien pasa por encima en ese momento podría ser fatal», apunta el investigador Manuel Civera, autor de varios libros sobre el patrimonio arqueológico de la ciudad.
El problema es que este tesoro histórico es «importantísimo e inmenso y las necesidades son muchas. Habría que realizar obras constantemente».
Pocas y ajustadas son las actuaciones que el propietario del monumento, el Ministerio de Cultura, ha realizado en el recinto fortificado en los últimos años.
Actualmente se están acometiendo tres rehabilitaciones puntuales en sectores degradados. Dicha obra, de 536.123 euros de inversión, arrancó en 2010 tras años de gestiones y tenía que haberse concluido en el mismo ejercicio pero hasta para eso ha habido mala suerte.
La adjudicataria entró en concurso de acreedores y la obra ha estado parada más de medio año. Hace poco más de un mes se retomaron los trabajos y la labor continua en la actualidad. La previsión es acabar, por fin, en febrero de 2012. Con actuaciones tan limitadas y espaciadas en el tiempo es imposible «mantener a flote un monumento de estas dimensiones».
Esa ha sido, durante años, la reivindicación histórica de expertos e investigadores como la catedrática del departamento de Arqueología de la Universitat de València, Carmen Aranegui, que efectuó campañas de excavación en el monumento en los años 1987, 1988, 1994 o 1995.
El ritmo de 'parcheos' es «insuficiente para que surta algún efecto». La experta considera que lo único que podría impulsar a Sagunto sería su entrada «en un circuito periódico de promoción turística y cultural, de llegada de visitantes lo que redundaría, a su vez, en inversiones. No hay una visión del pasado patrimonial como recurso pese a que en otras zonas, como Cartagena, está siendo rentable incluso en estos tiempos».
En definitiva, las intervenciones que se proyectan en el castillo «están bien, son correctas, pero van a un ritmo lentísimo», sentencia la investigadora.
No es el único frente abierto. El castillo que corona Sagunto lucha cada día contra otro ejército formado por millones y millones de soldados: la vegetación invasiva alóctona. En su mayoría de trata de chumberas o paleras y ya han tomado plazas, sepultado restos y afectado a la sujeción de los ya maltrechos muros.
En varias ocasiones, grupos de voluntarios o colectivos de la ciudad han acudido, rastrillo en mano, para retirar ejemplares pero el avance de este frente vegetal, a día de hoy y sin tareas periódicas de limpieza, es imparable.
Perdidos han quedado, por el momento, proyectos que expertos y colectivos pensaron en su día para impulsar los encantos del castillo como, por ejemplo, la construcción de un parador, una iniciativa que recibió entusiastas apoyos como el del presidente del Consell Valencià de Cultura (CVC), Santiago Grisolía. Mientras tanto, el anciano castillo de Sagunto aguarda a que lleguen tiempos mejores. No es la primera batalla que libra.
(Fuente: Las Provincias / Marina Costa)