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23 de junio de 2011

Un estudio identifica el gen de los reyes privativos de Aragón

Entre otros, se ha confirmado la autenticidad de los restos de Ramiro II "El Monje", en San Juan de la Peña y los de su madre, de su esposa Doña Sancha y sus tres hijas en el monasterio de las benedictinas de Jaca.
Un estudio de la Universidad de Zaragoza (UZ), apoyado por el Ejecutivo autónomo e Ibercaja, ha identificado el gen de los reyes privativos de Aragón, antes de la creación de la Corona, en 1137, y ha confirmado, entre otras cosas, la identidad de Ramiro II.
Ramiro II de Aragón, conocido como "El Monje".

   La investigación ha sido realizada por un equipo multidisciplinar sobre los restos de los reyes enterrados en Aragón. Se ha centrado en los análisis de los restos del Panteón Real de San Juan de la Peña, donde se encontrarían los restos de Ramiro I, Pedro I y Sancho Ramírez; en la Iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca, donde estarían enterrados Alfonso I el Batallador y Ramiro II; en el Monasterio de las Benedictinas de Jaca, donde estaría el sarcófago de Doña Sancha con los restos de las hijas de Ramiro I, Doña Sancha, Doña Teresa y Doña Urraca.

   Los resultados han sugerido la presencia de los restos de Ramiro I en San Juan de la Peña; confirman el enterramiento de su madre y de sus tres hijas en el sarcófago de Doña Sancha; la posible identificación de Alfonso I y constatan que la persona enterrada en el sepulcro de Ramiro II es este monarca.

   En rueda de prensa, el director general de Patrimonio, Jaime Vicente, ha presentado el resultado del trabajo, que ha permitido a historiadores, antropólogos, forenses y genetistas acumular una gran cantidad de datos sobre una época, la Edad Media, de la que en el caso aragonés solo se conserva el uno por ciento de la documentación que utilizaron los monarcas.

   Han encabezado esta investigación, que ha durado tres años, la catedrática de Medicina Legal de la Universidad de Zaragoza, Begoña Martínez Jarreta, directora del equipo multidisciplinar, y el catedrático de Historia Medieval, Carlos Laliena. El estudio abarca la monarquía privativa de Aragón, hasta la unión con la casa de Barcelona.
Sarcófago romano que contiene los restos de Ramiro II "El Monje".

   Jaime Vicente ha opinado que los resultados son "espectaculares" gracias a un proceso de investigación "modélico". Ha explicado que los historiadores no tenían la certeza de que los restos óseos depositados en el Panteón de San Juan de la Peña y la Iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca pertenecieran a la dinastía real, lo que la genética ha podido confirmar ahora.
   El director general ha señalado que los restos inhumados en los lugares mencionados estaban notablemente deteriorados, en parte por desmembramientos. También han influido las enfermedades que padecieron. "Era importante identificarlos y se ha hecho", ha dicho.

   "Podemos sentirnos orgullosos" por el éxito logrado, ha continuado Jaime Vicente, quien ha indicado que ahora se puede saber cómo se alimentan, cuáles son sus características y qué estrategia utilizaron para implantar su poder real.
Monasterio de San Juan de la Peña.

   Por su parte, Begoña Martínez ha explicado que las fuentes escritas situaban a Ramiro I (1035-1063), Pedro I (1094-1104) y Sancho Ramírez (1063-1094) en el Panteón del Monasterio antiguo de San Juan de la Peña y a Alfonso I (1104-1134) y Ramiro II (1134-1137, muerto en 1157) en la Iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca.    

   La investigación se ha extendido al sarcófago de Doña Sancha, en el monasterio de las Benedictinas de Jaca, donde se encuentran los restos de las hijas de Ramiro I, Doña Sancha, Doña Teresa y Doña Urraca.

   La catedrática de Medicina Legal ha declarado que, hasta la fecha habían fracasado numerosas investigaciones en otros países de Europa, como es el caso de la identificación de los restos de Santa Juana de Arco, en Francia, o Petrarca en Italia. En total se han investigado los restos de unos 70 individuos, "un número extraordinariamente elevado de restos", ha dicho Martínez.

   Aunque falta la confirmación de la prueba de carbono 14, este estudio ha encontrado "firmes evidencias" de que Ramiro I está enterrado en el Panteón de San Juan de la Peña. En el caso de Alfonso I, en cuya tumba de San Pedro el Viejo hay varios individuos, dos de ellos son candidatos por diversos indicios para ser Alfonso I. Por los resultados de los análisis genéticos y las patologías que presenta uno de los dos esqueletos, los investigadores están razonablemente seguros de haber encontrado al rey.
Convento de las benedictinas de Jaca.

LAZOS FAMILIARES
   Los restos hallados en San Juan corresponden a un grupo "compacto" de personas cuyos restos fueron inhumados en tumbas excavadas en la roca durante los siglos IX y X, en todo caso antes de la refundación del monasterio, en 1025.  

   Este grupo mantiene entre sí lazos familiares, así como características físicas y genéticas. Algunos de ellos son guerreros, dada su anatomía, las lesiones y su "elevadísima talla", 1,80 centímetros, algo anormal en la época.

   Se ha obtenido el perfil genético de 18 individuos. Asimismo, los investigadores han estudiado al cromosoma 'Y' de varios varones enterrados en el Monasterio de San Juan de la Peña, un perfil típico del Pirineo y de la zona atlántica de Francia y España.

  •    Los datos que ofrecen estos restos son "coherentes" con los obtenidos de los restos de Ramiro I y Ramiro II, en lo referente a genética, data, dieta y alimentación.


   La dieta de estas personas incluía un alto consumo de carne, que se incrementó con el paso de los siglos, ha dicho Begoña Martínez.

ENFERMEDADES
   El antropólogo José Ignacio Lorenzo ha expuesto que en los restos que corresponden a Alfonso I se advierte una operación quirúrgica para extraer la muela del juicio. También presenta un desarrollo muscular de todos la clavícula y el brazo, algo que los investigadores relacionan con el uso de la espada.

   Asimismo, tenía artrosis generalizada, en especial en toda la columna vertebral, como consecuencia de su importante actividad física y el estrés de las grandes cabalgadas.

   Ramiro II medía entre 1,60 y 1,61 metros, ha indicado Lorenzo, quien ha aclarado que "no eran superhombres, sino aragoneses". En todo caso la talla de los restos encontrados es más elevada que la media de la época. Este rey tenía gingivitis expulsiva, depósitos de sarro, artrosis y escoliosis.

   En el caso de Doña Sancha, en el sarcófago se han encontrado restos de nueve individuos diferentes, algunos de los cuales son intrusiones, esto es, restos extraños al enterramiento oficial.

   "Con alta seguridad" y de forma "muy probable", los restos encontrados en el sarcófago de Doña Sancha corresponden a las hijas de Ramiro I y la abuela de las tres. También hay restos de otras mujeres y de niños.

"UN PASO ADELANTE"
   El catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, Carlos Laliena, ha precisado que la información de que se dispone sobre la época es "muy limitada", por lo que este estudio supone "un paso adelante muy grande".

   La importancia del estudio radica en que no se conocen hechos de menor importancia, sino cómo se organizaba la familia real, cómo exhibían su carisma, "imprescindible para ejercer su poder", cuando la política se basaba en los vínculos "entre un puñado de jefes de guerra", lo que exigía "desarrollar un sofisticado protocolo entre nobles y reyes". De esta forma, "los rituales eran muy importantes", ya que los reyes debían ocupar una posición diferente a los nobles.
Sepulcro con los resto de Doña Sancha, en el monasterio
de las benedictinas de Jaca.

   El medievalista ha comentado que ha habido "muchísimos problemas" para realizar los análisis, puesto que los restos a analizar no son momias, que están más conservadas, sino huesos profundamente mineralizados.

   Se han usado nuevas aplicaciones y tecnologías como la virtopsia, y se ha desarrollado un nuevo protocolo de extracción de ADN antiguo que podría sentar la bases de esta nueva línea de investigación.


(Fuente: Europa Press)

13 de julio de 2010

La carga de los tres reyes

Articulo extraído de: http://www.perezreverte.com

Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino- debilitada e indecisa.





Retrato de Alfonso VIII




Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.







La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.







¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.




Tumbas de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet en el Monaterio de las Huelgas (Burgos).

7 de mayo de 2010

Pedro II de Aragón: de vencedor en las Navas de Tolosa a víctima de la Cruzada Albigense

Pedro II de Aragón "El Católico" (Huesca 1178-Muret 1213) y Conde de Barcelona centró la mayor parte de su reinado en la consolidación de los territorios transalpinos del Reino de Aragón, no obstante desempeñó un importantísimo papel en la Cruzada contra los almohades que habían desembarcado en la peninsula atendiendo a la llamada del Papa Inocencio III a la Cruzada que encabezó el Rey de Castilla Alfonso VIII y a la que también se sumaron Sancho VII Rey de Navarra, el arzobispo de Toledo D. Rodrigo Ximénez de Rada, el Señor de Vizcaya D. Diego López de Haro, además de otros caballeros procedentes del norte de Europa y Templarios.

Después de la victoria en las Navas de Tolosa (julio de 1212), Pedro II se vió obligado a intervenir en la Cruzada contra los herejes cátaros del sur de Francia, falleciendo en combate en la batalla de Muret el 13 de septiembre de 1213. La derrota en Muret supuso el fracaso y abandono de las pretensiones de la Corona de Aragón sobre los territorios ultrapirenaicos y, según el autor Michel Roquebert, el final de la posible formación de un poderoso reino aragonés-occitano que hubiera cambiado el curso de la historia de España