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30 de marzo de 2015

Comienza la última fase de la restauración del claustro del Monasterio de Fitero (Navarra)

Después de ocho años de trabajo y 5,2 millones de euros invertidos, el claustro del Monasterio de Santa María la Real de Fitero será sometido próximamente a la última fase de su rehabilitación, que tendrá por objeto la restauración de los muros, el suelo y los acabados del claustro bajo y de la sala capitular. El claustro es una de las joyas de este recinto cisterciense que fue declarado monumento histórico-artístico en el año 1931.
Fundado en 1140 en el lugar de Niencebas, el Monasterio de Fitero puede presumir de ser el primer cenobio cisterciense que se construyó en toda la Península Ibérica.
La Institución Príncipe de Viana sacó ayer a concurso las obras de la séptima fase por un montante global de casi 725.000 euros por lo que el global de los trabajos del claustro, cuando terminen las obras, habrá superado los 5,2 millones de euros, tal y como se contemplaba en el Plan Navarra 2012. La financiación ha corrido a cargo del Gobierno de Navarra y de la Unión Europea a través de los fondos Feder de desarrollo regional, al 50% cada uno.

El período para llevar a cabo la última fase de la restauración es de nueve meses, por lo que se espera que esté concluido en los primeros meses de 2016.
 

TRABAJOS POR FASES
Los trabajos para restaurar el claustro del Monasterio de Fitero se iniciaron en el año 2008 y desde entonces se ha venido realizando una fase por año.

La primera recuperó las cubiertas del dormitorio viejo, su muro occidental y de la zona aneja del dormitorio nuevo, así como la cubierta del ala oriental. La segunda fase consolidó el ala Este del claustro, mientras que la tercera aseguró la estructura de la crujía Norte y sustituyó su cubierta. La cuarta consolidó las bóvedas de las naves Oeste y Sur y la quinta reconstruyó la esquina que se había hundido hace 120 años, al tiempo que reparó las bóvedas que se habían consolidado en la fase anterior.

Por último, en la sexta fase, que concluyó el pasado mes de febrero, se recuperaron, siguiendo el estilo original, las tres bóvedas del claustro bajo que se vieron afectadas cuando se hundió parte del claustro hacia 1890.

La reposición de las molduras de los pilares en las fases en que se trabajó con la parte del claustro más afectada se limitó a las piezas que habían perdido alguna sección, pero no se extendió a aquellas que simplemente habían visto desdibujado su perfil por la arenización o pequeñas descamaciones por el paso del tiempo y las incidencias climatológicas. El tipo de labra de la piedra repuesta se realizó con cincel, de forma similar al original. La piedra utilizada en las reposiciones es arenisca local, de la zona media de Navarra, de características análogas a la empleada en la construcción inicial del claustro.
 

DESAMORTIZACIÓN
El monasterio es un complejo monástico en el que habitó la comunidad cisterciense hasta su exclaustración en 1836. A partir del siglo XV, el conjunto aglutinaba a su alrededor una importante población que tras la desamortización convirtió la iglesia abacial en parroquia de la localidad. Este hecho, que hace que las dependencias monásticas llegadas a nuestros días se encuentren adecuadas y transformadas en función de las necesidades de los nuevos propietarios desde el siglo XIX, también ha posibilitado la conservación de la mayor parte del ajuar litúrgico.

ORIGEN

El Monasterio de Fitero es una joya arquitectónica de la Edad Media, ampliado durante los siglos XVI y XVII con otras construcciones nuevas. Fundado en 1140 en el lugar de Niencebas, el Monasterio de Fitero puede presumir de ser el primer cenobio cisterciense que se construyó en toda la Península Ibérica. 
(Fuente: Noticias de Navarra / Fermín Pérez-Nievas)

22 de julio de 2012

De villa romana a monasterio y granja del Císter

Tras diez años de excavaciones arqueológicas en el yacimiento de La Noguera (Tudelilla, La Rioja) es posible diferenciar restos de tres épocas.
Siglos I al III: «Explotación agraria romana tipo villa. En lo que se aprecia -señalan los arqueólogos-, esta unidad de producción permanecería subordinada al núcleo urbano de la antigua Calagurris Iulia y al trazado de una de las calzadas más importantes de la Hispania romana, la que ponía en comunicación el valle del Ebro y la Meseta norte. Incendiada tras su abandono, de sus instalaciones tan solo se conserva la bodega excavada en el sustrato natural del pequeño cerro sobre el que fue edificada la villa».
Alzado del yacimiento de La Noguera en el que muestran
las diferentes épocas de ocupación.

Siglos XII al XV: «Comunidad monástica medieval favorecida por los monarcas castellanos tras la conquista de este sector de la Marca Superior andalusí. Sus modestas instalaciones originales fueron radicalmente transformadas en el umbral de la Edad Moderna. De entre ellas destacan la distribución de un denso campo de silos de almacenamiento de productos agrícolas y las trazas de la primitiva iglesia de San Bartolomé, asociadas a una muy mutilada necrópolis exterior».

Siglos XV al XIX: «Granja dependiente de la abadía cisterciense de San Prudencio de Monte Laturce. Desamortizada, vendida y definitivamente arrasada en el año 1821. Con mucho, esta es la fase histórica que se encuentra mejor representada en el repertorio arqueológico de La Noguera. Conserva las trazas del edificio residencial de los monjes, sus dotaciones complementarias, lagares y calados subterráneos. También destaca la estructura del templo anejo a la granja, edificado sobre la antigua iglesia monástica, y el camino empedrado que comunicaba aquella con las poblaciones de Tudelilla y El Villar. 
Restos romanos en el yacimiento de La Noguera.

Esta granja constituía el centro neurálgico de un vasto dominio fundiario que se extendía por buena parte de la actual Rioja Baja».

Desde la aparición en el 2003 de los restos de origen medieval, Fundación Dinastía Vivanco se plantea el aprovechamiento museístico de La Noguera. Pero los trabajos arqueológicos, siempre con permiso y supervisión del Gobierno de La Rioja, todavía deben continuar.
(Fuente: La Rioja)

21 de febrero de 2011

Una enfermería medieval, otro secreto escondido en la catedral de Pamplona


El historiador Javier Martínez de Aguirre ha descubierto la antigua estancia bajo el actual templo.

Los canónigos de la catedral de Pamplona no sabían a dónde conducía la pequeña puerta de la cripta de la capilla Barbazana. Los estudios previos al proyecto de restauración de las dependencias del Cabildo han descubierto la enfermería medieval, uno de cuyos accesos era, precisamente, la mencionada puerta.

Javier Martínez de Aguirre, investigador navarro, profesor de Historia del Arte medieval en la Universidad Complutense de Madrid, ha sido, en buena parte, quien ha desvelado el misterio, uno de tantos escondidos en los muros centenarios, una capa más dentro del amplísimo arco temporal que envuelve a la catedral de Pamplona, con valiosas manifestaciones artísticas, desde el siglo XI hasta el XVIII. Además, el reciente descubrimiento puede ofrecer nuevas posibilidades en las visitas a la catedral, que se podrían ampliar con diversas naves comunicadas entre sí, sin interferir en el culto...
Una de las estancias que ocupaba la enfermería, Foto:CALLEJA
El Cabildo lleva años inmerso en sacar a luz los tesoros que guarda la catedral y lo puede hacer porque, tal y como recuerda el propio Javier Martínez de Aguirre, Pamplona ha tenido la suerte de contar con canónigos preocupados por mantener el patrimonio en las distintas épocas . "Vemos más porque subimos a hombros de los gigantes", dice, apoyado en un dicho de la Edad Media. "Podemos investigar por los datos que nos dejan en los archivos, entre ellos muchos canónigos de esta catedral, como el historiador José Goñi Gaztambide (1914-2002)", indica.
Martínez de Aguirre dispone ya de datos suficientes para concluir que la estancia, con una longitud exterior de 24,15 metros y 6,80 metros de anchura en su interior, y situada bajo la sacristía mayor, era la antigua enfermería medieval. Recuerda que el muro estaba a la vista, pero el asunto era identificarlo y como parte de un edificio que está en pie. Además, subraya, salvo que se proyecte un foco de estudio, es complicado descubrir elementos que están bajo nuevas construcciones. Del examen de los muros y la documentación de los archivos se desprende que, muy probablemente, la enfermería sea románica. Pero, a falta de elementos labrados que aporten información, las fechas se podrán concretar con la frecuencia del tipo de ménsulas y análisis de mortero.
En cualquier caso, y a falta de dataciones más precisas, está claro que las construcciones descritas son anteriores a 1391, porque al año siguiente comenzó a levantarse la catedral gótica. Martínez de Aguirre explica que "muy probablemente, la enfermería será anterior a 1270, fecha en que ya hay documentos que hablan de ella como institución".
La antigua catedral románica, cuya planta apareció en la reforma de 1992-94, tenía la cabecera bajo el actual presbiterio y lo que ahora se ha descubierto se situaba justo detrás, teniendo en cuenta que la muralla aún no estaba construida y que, en su lugar, había un barranco con un pronunciada pendiente.
Ya en la enfermería, el investigador navarro explica que han sido habituales reconversiones de antiguas edificaciones, de las que se desconocía su origen. Por ejemplo, la enfermería se utilizó en el siglo XVIII como bodega y aún hay en su interior, al menos tres lagares de piedra, uno de ellos con forma de riñón.
La enfermería es similar en dimensiones y planta, aunque algo más estrecha, a Itzandegia, edificio románico, actual refugio de peregrinos en Roncesvalles. Tiene una puerta exterior y dos interiores, originales, con dinteles medievales, y en una de ellas se aprecia el hueco para la tranca que conducía al exterior del claustro románico. El tamaño de la estancia se calcula muy bien en el exterior de la catedral, en el paseo de Ronda del Obispo Barbazán, entre la catedral y la muralla, donde ocupa cinco contrafuertes.
La enfermería, similar a las que existían en los monasterios cistercienses, disponía de una vivienda para el canónigo enfermero y tenía una pequeña capilla. Se utilizaba para atender al Cabildo, porque para peregrinos y gente del pueblo existía un hospital, dentro también de la misma catedral.
En definitiva, Javier Aizpún, canónigo y responsable de Patrimonio en el Arzobispado, resume que poco a poco se soluciona el puzzle que permitirá recomponer todas las épocas con presencia en al catedral. Porque, dentro de las últimas investigaciones, se ha identificado también la sacristía gótica del siglo XV.