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9 de febrero de 2017

Confirman el hallazgo de dos campamentos romanos en Cantabria

Arqueólogos confirman que los yacimientos de Castro Negro y del Alto del Robadoiro localizados en los últimos años en el entorno del macizo de Peña Prieta, en Vega de Liébana, (Cantabria) son dos campamentos romanos y, según una de las hipótesis que se maneja, podrían estar vinculados con la campaña de asedio de las legiones de Augusto al Monte Vindio --cuya localización se desconoce-- en los inicios de las Guerras Cántabras.
Modelo de campamento romano con "clavícula". IMAGEN: SIETE MERINDADES.
Esta, al menos, es una de las posibilidades que se desprenden de las prospecciones arqueológicas llevadas a cabo en esos yacimientos entre agosto y octubre de 2016 por un grupo de catorce personas, entre arqueólogos, investigadores y colaboradores, que, además han financiado los trabajos.

Las conclusiones se han dado a conocer en una rueda de prensa en el Museo de Prehistoria y Arqueología (MUPAC) en la que han participado el arqueólogo Eduardo Peralta, responsable de los trabajos, su colega de profesión José Ángel Hierro, que ha sido otro de los participantes; el consejero de Educación, Cultura y Deporte, Ramón Ruiz, y el alcalde de Vega de Liébana, Gregorio Alonso. Peralta ha calificado de "espectaculares" los resultados de estas prospecciones.

MONTE VINDIO
Y es que, según ha explicado el también arqueólogo José Ángel Hierro, la "hipótesis" de que lo que se ha logrado documentar con ellos podría corresponderse con el mítico episodio del Monte Vindio es, "hasta la fecha", "la más sólida que se ha manejado" sobre dónde pueda estar su localización.

"Para poder asegurar esta hipótesis hace falta mucho trabajo y mucha suerte. Probablemente nunca encontremos un cartel que diga: Esto es el Vindio pero creo que contamos con argumentos y con, no pruebas, sino evidencias que apoyan esta hipótesis y que hasta la fecha la convierten en la más sólida que se ha manejado para tratar de localizar este episodio", ha dicho.

Según Hierro, en esta hipótesis cuenta "con el terreno, con el contexto y con argumentos arqueológicos que otros sitios hasta la fecha no tienen" y hasta con un topónimo cercano, 'Vinduey', que está relativamente cerca del campamento de Castro Negro y que podría ser el 'vindos' céltico que dio nombre al Monte Vindio.

Si finalmente se prueba la hipótesis, sería, según Hierro, la "prueba" de que los cántabros se equivocaron al pensar que al Monte Vindio, donde se refugiaron tras ser vencidos en batalla campal a los pies de las murallas del oppidum de Bergida, llegarían antes las aguas del mar que las tropas romanas y confirmaría que éstas "conquistaron hasta el último lugar de Cantabria".


Otra hipótesis, que podría no estar reñida con la anterior, es que estos yacimientos formasen parte de un dispositivo de control de todos los pasos de montaña de entrada a Liébana.

En estos trabajos --a los que se quiere dar continuidad "el año que viene" con fondos del Gobierno regional y para los que se precisaría el permiso de instituciones de fuera de las comunidades autónomas vecinas-- han participado también los arqueólogos Enrique Gutiérrez y Rafael Bolado, y los investigadores y colaboradores Federico Fernández, Joaquín Arguiñarena, Antonio Pila, Diego Pedrajo, Elena Paredes, Ángel Ocejo, Borja Gómez-Bedia, Miguel Berasaluce, Román González y Adriano Felice.

Según lo encontrado, se cree que las legiones romanas estuvieron "poco tiempo" en aquellos parajes y en las estaciones menos frías dado que se alojaban en tiendas de campaña donde no podrían haber resistido un invierno en esas altitudes.

Y es que uno de los yacimientos romanos se encuentran en la cima y las laderas del monte Castro Negro o Cohora, a 1.962 metros, y otro, el del Alto de Robadorio, a 2.219, los que les convierten en los campamentos "de mayor altitud de la Península y entre los más altos de Europa".

TRABAJOS EN LOS DOS YACIMIENTOS
La intervención arqueológica se ha centrado en el campamento romano de Castro Negro, que fue descubierto por el arqueólogo José Hierro a través del estudio de foto aérea y satélite, y que se encuentra en Vega de Liébana.

Ocupa una zona del monte de Castro Negro desde donde se controla el paso de montaña situados a sus pies en los puertos de Riofrío y que comunica Liébana con el norte de Palencia a través del estrecho valle del nacimiento del Carrión por los puertos de Pineada, así como el paso natural que por el collado del Robadorio enlaza hacia el oeste al pie de Peña Prieta con la zona leonesa de la Vega de Naranco.

El del monte de Castro Negro es un campamento romano de campaña de tipo 'castra aestiva', con 10,5 hectáreas, unas dimensiones que tendrían que corresponder a una legión romana con tropas auxiliares, con unos 4.000 o 5.000 hombres.

Una prueba del carácter campamental romano de este recinto fortificado es que hay presencia de dos puertas con clavicula interna, elemento característico de la castramentación militar romana de campaña entre mediados del siglo I a.C y comienzos del siglo III d.C.

Los trabajos en Castro Negro han permitido delimitar con cierto detalle todo el perímetro campamental pese a que está "bastante arrasado por la erosión" y por la vegetación que lo cubre.

Dentro del recinto, se han usado detectores de metales que han permitido recuperar "numerosas piezas" de equipamiento militar romano relacionado con la acampada; de armamento (una punta de un proyectil de catapulta), y, las que se consideran más relevantes, unas piezas de enganche del pilum romano, similares a las encontradas en zonas de Alemania pero que no habían sido documentadas en la Península Ibérica.

Una punta de lanza, elementos del calzado militar romano, como numerosas tachuelas, herramientas y una moneda acuñada hacie el 28 a.C en Calahorra, antes de la gran campaña de Augusto y sus generales contra cántabros y astures, son otros de los restos encontrados.

El otro yacimiento se encuentra en el Alto de Robadoiro, en la divisoria entre Cantabria y León, en los ayuntamientos de Vega de Liébana y Boca de Huérgano, y a los pies de la ladera norte de Peña Prieta y el Cubil de Can.

Fue descubierto hace bastantes años por un montañero pero es con estos trabajos con los que se ha confirmado que es un campamento romano y también se ha descubierto que las dimensiones son mayores de las que se pensaba.

RESTOS DE UNA FORTIFICACIÓN
Alrededor de la cima existe una acumulación de bloques de arenisca restos de una fortificación, que delimita un recinto de 2.197 metros cuadrados que protege la cumbre.

Con la ortofotografía aérea se ha comprobado la existencia de una segunda línea fortificada exterior que era desconocida ya que era "casi invisible" sobre el terreno.

La planta de este nuevo recinto ocupa una hectárea, lo que ha "reforzado la entidad" del yacimiento, que se cree que es un 'castellum romano' o una 'castra minora'.

Todas las piezas encontradas en ambos yacimientos se entregarán al MUPAC "en breve", según Peralta.

Por su parte, el consejero de Cultura ha resaltado el "impulso" que desde el Gobierno de Cantabria se quiere dar a que los museos de la comunidad combinen la labor divulgativa con la investigadora y también el "esfuerzo importante" presupuestario que se está dedicando a patrimonio.

Ha considerado que Castro Negro y Robadoiro son "claros testimonios de las guerras de alta montaña y del esfuerzo bélico" que el ejército romano desarrolló en los lugares más alejados y accidentados del territorio de los cántabros.

Por su parte, el alcalde ha considerado un "poco prematuro" el pensar en cómo explotar turísticamente estos yacimientos, permitiendo la visita, cuando "lo primero" es estudiarlos.

(Fuente: Madrid Press)

23 de diciembre de 2015

Un gran yacimiento paleolítico enterrado en la cueva de El Pendo, en Escobedo de Camargo (Cantabria)

Los investigadores piensan que la cueva aún tiene por descubrir un gran yacimiento del Paleolítico, enterrado bajo los grandes bloques de piedra de su entrada.
El primer acercamiento científico a la cueva se produjo entre 1953 y 1957, de la mano de Julio Martínez Santa Olalla.
Escondida en un gran paraje natural de un barrio de la localidad cántabra de Escobedo de Camargo, se encuentra la cueva de El Pendo, una cavidad que aún tiene por descubrir su gran yacimiento del Paleolítico, enterrado bajo los grandes bloques de piedra de su entrada. Así lo piensan los investigadores que entre los años 1994 y 1997 realizaron diversas excavaciones tanto en el interior como en el exterior, unos trabajos que permitieron descubrir las conocidas pinturas del Paleolítico situadas al fondo de la cueva y hasta entonces escondidas.

Y eso, a pesar de que en 1907 el arqueólogo Hermilio Alcalde del Río descubrió unos grabados muy finos, que se encontraban en un lamentable estado de conservación. Expertos como Juan Sanguino o Ramón Montes realizaron sondeos dentro de la cavidad, que concluyeron que, en muchos casos, había alteraciones e inversiones estatigráficas, las cuales reflejaban que no era la zona en la que se encontraba el yacimiento en posición primaria, sino que los restos venían arrastrados desde el exterior. Es quizá el gran secreto por descubrir aún de El Pendo, según relata el técnico conservador de las cuevas prehistóricas de Cantabria Raúl Gutiérrez, quien explica que, aunque “existe el deseo” de excavar la parte exterior de la cueva, “no se sabe el potencial que hay por investigar, ni lo que te vas a encontrar”.


MUY DIFÍCIL Y COSTOSO

 “Plantear hoy en día una excavación en la zona exterior, en la de abrigo y visera de la cavidad, es muy difícil y muy costoso, como retirar los grandes bloques de piedra para acceder al área fértil desde el punto de vista arqueológico. Se trataría de campañas de años de duración y habría que valorar lo que se invierte y con qué resultados”, precisa. De El Pendo, el padre Jesús Carvallo, fundador del Museo de Prehistoria de Cantabria, logró obtener múltiples piezas de arte mueble tras diversas excavaciones, sondeos y catas en los años 20 y 30 del siglo pasado, pero que no fueron recuperadas de forma científica. Eso sí, hasta el hallazgo de la cueva de La Garma, era la mejor colección de arte mueble documentada en Cantabria.

El primer acercamiento científico a la cueva se produjo entre 1953 y 1957, de la mano de Julio Martínez Santa Olalla, y, posteriormente, en los 90, es cuando se plantea uno nuevo, encabezado por los investigadores Sanguino y Montes. Cuando estaban a punto de terminar esta excavación, en agosto de 1997, uno de los investigadores “se encontró algo que le pareció una pintura” y, tras comprobar que sí lo era, el trabajo pasó a ser una investigación arqueológica de arte rupestre por unas pinturas que, hasta ese momento, habían pasado desapercibidas.

Y es que todo el frente en el que se encontraban, un gran panel de quince o veinte metros de ancho, estaba oculto por suciedad, básicamente por la presencia de partículas de polvo en suspensión y distintos tipos de bacterias, sobre todo líquenes, que ocultaban las pinturas.

Tras un minucioso trabajo de limpieza y restauración, se logró sacar a la luz esas representaciones, unas 26 unidades gráficas que se concentran, principalmente, en lo que se conoce como el friso de las pinturas, un gran mural de figuras de color rojo, algunas de ellas, en tinta plana.

(Fuente: Deia / Belén Córdoba Arias)

30 de octubre de 2015

Documentan los restos de dos campamentos romanos de las Guerras Cántabras

Se trata de dos asentamientos de entre 9 y 11 hectáreas ubicados en Cantabria y en el área divisoria con la comarca de Pernía en Palencia (Castilla y León). Ambos cuentan con plantas más o menos rectangulares, esquinas redondeadas y contienen defensas en forma de terraplén, combinado en uno de los casos con un foso al exterior, por lo que podrían haber estado ocupados por sendas legiones.
Arqueólogos trabajando en el yacimiento de Monte Bernorio el pasado verano.
FOTO: EL NORTE DECASTILLA / NURIA ESTALAYO
Los arqueólogos cántabros José Ángel Hierro, Eduardo Peralta, Enrique Gutiérrez y Rafael Bolado han localizado los restos de dos campamentos romanos de campaña en los montes del sur de Liébana que podrían estar relacionados con el episodio histórico del monte Vindio de las Guerras Cántabras.

Se trata de dos asentamientos de entre 9 y 11 hectáreas ubicados en Cantabria y en el área divisoria con la comarca de Pernía en Palencia (Castilla y León), concretamente en los altos de Castro Negro y Vistrió.

Por su situación a 1.900 y 1.500 metros de altitud, respectivamente, y a una distancia entre ellos de unos 13 kilómetros en línea recta, los investigadores creen que desde ahí sus moradores controlaban los importantes pasos naturales de los puertos de Riofrío y de Sierras Albas.

Ambos cuentan con plantas más o menos rectangulares, esquinas redondeadas y contienen defensas en forma de terraplén, combinado en uno de los casos con un foso al exterior, por lo que podrían haber estado ocupados por sendas legiones.

PUERTAS EN CLAVÍCULA
"Es muy significativa la presencia de 'puertas en clavícula', un tipo de estructuras presente en otros enclaves de las Guerras Cántabras, como Cildá o Campo de las Cercas, y que han permitido catalogarlos, sin lugar a dudas, como campamentos romanos de campaña", aseguran los arqueólogos.


La presencia de estos dos asentamientos en alta montaña y la existencia cercana del topónimo 'Binduey' -'Vindoey', en la Edad Media- han permitido a los investigadores plantear la tesis de que el descubrimiento sea escenario del episodio del monte Vindio, que tuvo lugar durante los enfrentamientos entre el Imperio romano y los distintos pueblos astures y cántabros, conocidos como Guerras Cántabras.

A la espera de concluir los estudios, el hallazgo de estos dos campamentos romanos parece ratificar la opción del macizo de Peña Prieta a la hora de ubicar de forma exacta uno de los lugares más singulares de la historia antigua de Cantabria.

IMÁGENES LIDAR
La revisión de las colecciones de ortofotografías aéreas disponibles en Internet permitió una primera identificación de los recintos que ha sido corroborada por los investigadores en fechas recientes mediante el procesamiento de las imágenes LIDAR.

Gracias a esta nueva técnica de teledetección, basada en el uso del láser para la obtención de una muestra densa de la superficie de la tierra, pueden ser identificadas estructuras que, hasta ahora, pasaban desapercibidas a los ojos de los investigadores.

Además de estos dos nuevos yacimientos, este equipo de investigadores ha localizado otras estructuras similares en distintas zonas de Cantabria, contribuyendo así a la ampliación del conocimiento sobre la conquista romana de la región y la resistencia que ofrecieron sus habitantes.

11 de mayo de 2015

Localizan una necrópolis medieval en Cartes (Cantabria)

Por el momento han aparecido dos tumbas de laja que podrían datar del Siglo VII. También han encontrado cerámica medieval y escoria de fundición de hierro, no asociado a las tumbas pero si habitual en ferrerías secas que prodigaron en el valle.
Las tumbas se han encontrado a los pies de una iglesia del S. IX. FOTO NACHO CAVIA
Un equipo de arqueólogos ha descubierto esta semana una necrópolis medieval en el entorno de la iglesia románica de Santa María de Yermo, en Cartes (Cantabria), en un lugar conocido como "El Campo de las Cruces" donde se han desenterrado dos tumbas de laja (de piedra) que podrían datar del siglo VII, aunque los profesionales reconocen que es difícil establecer una fecha más o menos exacta. 

El Ayuntamiento estaba acometiendo una obra de saneamiento en un entorno con una alta probabilidad de contener restos arqueológicos por lo que la Dirección General de Cultura encargó una investigación que llevó a Javier Marcos y Nino Mantecón a realizar sondeos en los alrededores de la iglesia.

OTROS DESCUBRIMIENTOS
En su segundo sondeo descubrieron las dos tumbas, prácticamente a ras de suelo y a apenas cinco metros de una iglesia del siglo IX catalogada como Bien de Interés Cultural. 


No ha sido el único hallazgo, también han encontrado cerámica medieval y escoria de fundición de hierro, no asociado a las tumbas pero si habitual en ferrerías secas que prodigaron en el valle. Y adelantan que en la zona de enterramientos podrían encontrarse vestigios asociados a ese lugar, como estelas funerarias. Incluso se está estudiando las variaciones del terreno por si constituyeran el muro que delimitaba el cementerio, el Dextrum, una construcción de la que solo hay en Cantabria un ejemplo, en el yacimiento de Camesa-Rebolledo.

Fernando García es vecino de Yermo y miembro del colectivo de Amigos del Románico, está muy ilusionado con el descubrimiento, como un aliciente más de una joya como la de Yermo. Incluso va más allá al adelantar que "por qué no podrían ser las tumbas de los obispos fundadores del templo", Ariulfo y Severino, en el siglo IX, primera referencia documental de la villa de Cartes y origen del asentamiento de población en el valle.


UN ENTORNO A PRESERVAR
En el Ayuntamiento también lo tiene claro. El alcalde, Bernardo Berrio, destacó la importancia del hallazgo y aseguró que se dará continuidad a la obra de saneamiento con pleno respeto a los restos arqueológicos, que serán una nueva referencia histórica para la villa, un entorno a preservar y difundir.

Mientras, los expertos tapaban la excavación para su protección mientras se decide su futuro, un futuro que recomiendan pase por continuar con el sondeo al menos hasta dejar al aire las tumbas ya encontradas y documentar un lugar que seguro esconde aún mucha historia.

(Fuente: El Diario Montañés / Nacho Cavia)

21 de abril de 2015

Descubren los restos de una fortificación medieval en Zurita de Piélagos (Cantabria)

El pasado día 13 entraba en el registro de la Dirección General de Cultura de Cantabria la denuncia de un hallazgo arqueológico, concretamente de un castillo medieval del tipo denominado 'mota', situado en Zurita de Piélagos. Según su descubridor la fortaleza está «en perfecto estado de conservación, no ha sido afectada por ningún proceso de excavación, se ha respetado la orografía y en la finca se pueden seguir los muros, los fosos y el montículo central».
Recreación de la Mota de Trespalacios, similar a la ahora reportada. MARÍA ÁLVARO MARCOS / HISTORIA Y ARQUEOLOGÍA
El arquitecto santanderino Annibal González de Riancho es el responsable de este hallazgo y quien lo ha puesto en conocimiento de los responsables de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes con el fin de que sea catalogado, estudiado, protegido y puesto en conocimiento público. Actualmente en Cantabria solo hay catalogado un elemento similar, la mota de Hinojedo. Propone González de Riancho que se realice una excavación del lugar con un seguimiento arqueológico.

Según explica González de Rianco en el escrito remitido a Cultura el pasado 13 de abril, los restos encontrados corresponden a «un tipo de fortificación medieval denominada 'mota'». Se trata de un elemento claramente defensivo, compuesto de una torre central, de la que queda su base, formada por una forma troncocónica alrededor de la que se disponen dos muros terreros concéntricos con sus fosos y contrafosos. El conjunto, según detalla González de Riancho en el documento enviado a la Consejería hace unos días, tiene unas dimensiones de 170 metros de diámetro.
 

PERFECTO ESTADO DE CONSERVACIÓN
La mota de Quizute, en Zurita de Piélagos, se encuentra, a juicio de González de Riancho, «en perfecto estado de conservación, no ha sido afectada por ningún proceso de excavación, se ha respetado la orografía y en la finca se pueden seguir los muros, los fosos y el montículo central». Explica que el conjunto tiene una pendiente descendiente, de entre 5 y 7 metros, y es ahí donde se sitúa el acceso al conjunto. En cuanto al muro exterior, éste se abre en una especie de cuello de botella.


La situación de la mota es «estratégica» en lo que se refiere al dominio visual de la zona, ya que se encuentra en una loma de unos 180 metros sobre el nivel del mar.

A los pies de esta mota, en la vega que se extiende de Las Presillas a Vargas, se hallan las torres de Ceballos, el Torraco y la Torre de Ceballos en Zurita y la del Llano o de La Rueda en Las Presillas.

A juicio del responsable de este hallazgo, «no está claro a qué responde esta estructura defensiva, puede que hubiera un poblado cercano o para controlar el paso de una vía o como defensa ante posibles ataques provenientes del mar».

SIMILITUDES


Destaca González de Riancho que existe una gran similitud entre el sistema defensivo de esta mota y las torres medievales tal y como se recuerda en los textos antiguos en los que cuando se describe una torre se habla de un foso y contrafoso y en el centro, situado sobre un montículo, la torre. «El sistema de estrategia defensiva es el mismo y la influencia de uno en el otro o viceversa es evidente».

En el documento que ha remitido Annibal González de Riancho a la Consejería de Educación apunta que hay una gran similitud formal entre esta mota y la de Trespalacios. 

(Fuente: Diario Montañés / Almudena Ruíz)

17 de noviembre de 2014

Documentan una sauna prerromana en el castro cántabro de Valdeolea

Está en el interior de un edificio público de 25 metros de largo por unos 16 de ancho excavada en la roca y revestida de arcilla. La aparición de esta sauna demostraría que los cántabros también utilizaban este tipo de espacios y su desarrollo cultural era acorde con el de otros pueblos del norte de España.
Estructura de la sauna descubierta en el castro cántabro de Monte Ornedo. IMAGEN: REGIOCANTABRORUM.ES
Los trabajos arqueológicos que se realizan en el castro cántabro de Santa Marina, en el Monte Ornedo (Valdeolea), han sacado a la luz los restos de lo que pudo ser una sauna de la época prerromana.

La revista científica Munibe acaba de publicar un estudio sobre este hallazgo, fruto de las campañas arqueológicas realizadas en este monte entre los años 2010 y 2013.

Los trabajos, dirigidos por el investigador Pedro Ángel Fernández Vega, han permitido encontrar en este castro un edificio público de gran tamaño, de más de 25 metros de largo por unos 16 de ancho, "sin parangón" en este tipo de asentamientos, según explica el arqueólogo en un comunicado.

EXCAVADA EN ROCA
Dentro de él, excavada en la roca y revestida de arcilla, han hallado la sauna y restos de lo que fue su actividad, como un escoplo, restos de asas de un caldero y cuatro fíbulas de las utilizadas en la época para sujetar la ropa que se cree que cayeron entonces al foso que servía para calentar la estancia.

La sauna se alimentaba con agua de lluvia o nieve recogida a través de un atrio descubierto y canalizada hasta una cisterna donde se guardaba y se tomaba después para hacer aspersiones sobre una fosa cavada en el centro de la sauna que se llenaba con piedras calientes.


Las dataciones realizadas con carbono 14 sitúan la construcción entre el siglo II y la primera mitad del siglo I antes de Cristo, así que se trataría de una sauna de la época prerromana.

Según sostienen los investigadores, la aparición de esta sauna es "coherente" con las costumbres de los pueblos astures y galaicos y demostraría que los cántabros también utilizaban este tipo de espacios y su desarrollo cultural era acorde con el de otros pueblos del norte de España, en contra del "estereotipo" de pueblo de mercenarios "aguerridos, fieros e indómitos".

Esta sauna se ha descubierto a sólo unas decenas de metros de una antigua ermita en la que, a finales del siglo XIX, se encontraron tres términos augustales, mojones de delimitación que deslindaban el territorio de la antigua ciudad romana de Julióbriga de los prados de la Legión IV Macedónica.

La presencia de esos hitos, unido a la fecha en la que se data el castro (en época prerromana), invita a pensar, según los arqueólogos, que ésta pudo ser la ciudad de Julióbriga, según Plinio el Viejo, la más importante entre los cántabros.

(Fuente: El Día.es / EFE)

24 de abril de 2014

Encuentran en Santander los huesos de un toro salvaje extinguido

Los restos óseos pueden pertenecer a un Uro, según las primeras estimaciones de la Consejería de Cultura, un animal que habitó en la península hace más de 45.000 años y se extinguió en el siglo XVII, y del que ya se han encontrado vestigios y pinturas en otros yacimientos de la región
Las obras en las que han aparecido los restos óseos, en el barrio santanderino de La Albericia.  Foto: SANE
Los fósiles ya han sido trasladados a un laboratorio, donde un arqueólogo del Gobierno regional determinará su valor y antigüedad. El mismo protocolo seguido en otros casos recientes, como cuando apareció un muro del siglo XIX en la excavación del túnel del Centro Botín. Aunque en aquella ocasión, las piedras fueron examinadas en el mismo lugar del hallazgo.

No es la primera vez que se encuentran restos en Santander de este animal, que podía llegar a pesar más de mil kilos y medir cerca de dos metros. En esa misma zona se desenterraron varios huesos durante la construcción de la S-20. «Es bastante habitual», señalaron tanto desde Cultura como desde Ascán, que no ha necesitado detener las obras a pesar del descubrimiento. El historiador José Luis Casado Soto lo reafirmó: «En esa vaguada es muy fácil encontrar restos de animales».

EL BISABUELO DE LAS VACAS
Todas las razas de bueyes, vacas y toros actuales descienden del Uro, que se extendió por el Norte de África y Europa desde Asia, donde vivieron los primeros ejemplares. Los restos más antiguos descubiertos en España, de hace 45.000 años, se descubrieron en Segovia. Su color era oscuro y sin manchas, aunque tenían una característica banda de color más clara sobre el lomo, según los investigadores. Los cuernos de los machos eran curvados y medían más de 70 centímetros, mientras que en las hembras su tamaño era diminuto.

La caza indiscriminada y la desaparición de los grandes bosques europeos provocaron su extinción. Una desaparición que comenzó en la época del imperio romano, cuando el uro salvaje ya había dejado de pastar en algunas zonas del norte de África, las costas del Mediterráneo, Mesopotamia y la India. Los últimos cinco ejemplares sobrevivieron hasta el año 1627 en unos bosques propiedad del rey de Polonia, donde fueron cazados hasta la extinción.


Los huesos hallados en La Albericia no serán los únicos de Uro que se expondrán en el Museo de Prehistoria. Este mismo año, el Gobierno cántabro prestó al Centro de Investigación de Altamira cerca de noventa piezas arqueológicas halladas en diversas cuevas de la región, valoradas en cerca de un millón de euros. La más valiosa de la colección fue un hueso perforado y decorado con una figura de un uro procedente de la cueva de La Garma y tasado en cerca de 300.000 euros.

EN LA EDAD DE PIEDRA
Además de restos fósiles, en Cantabria existen representaciones artísticas de la prehistoria sobre este animal. En la cueva de Hornos de la Peña, en San Felices de Buelna, aparece representado en el mosaico de 35 pinturas junto a caballos, cabras y bisontes. Aunque su representación más fiel se encuentra en Francia, en el yacimiento de Lascaux.

En los últimos años han existido varios intentos por recuperar la población de uros a través de cruces genéticos de bóvidos. Estos experimentos han tenido éxito en Holanda, sobre todo, desde donde se exportan al resto de Europa. Domesticados y sin tener las mismas proporciones que los uros originales, en España se pueden ver en la reserva creada en la sierra de Atapuerca.

7 de mayo de 2013

La restauración de una iglesia en Castro Urdiales saca a la luz más restos arqueológicos

Los arqueólogos de la obra han documentado el uso funerario de las capillas, donde ha aparecido un arcosolio (nicho) del siglo XVI embutido en un muro.
Iglesia gótica de Santa María, en Castro Urdiales (Cantabria).

Las obras de restauración de la girola de la iglesia de Santa María, en Castro Urdiales (Cantabria), han sacado a la luz nuevos restos arqueológicos de interés que se suman a la necrópolis formada por 26 tumbas excavadas en roca caliza, y varios restos humanos, además de tres jarritos incensarios que aparecieron al inicio de esta actuación, en la que se ha invertido cerca de medio millón de euros y cuya finalización se prevé en dos meses.

El responsable del seguimiento arqueológico, Javier Marcos, en colaboración con el equipo de arquitectos Alonso y Barrientos, ha podido documentar en los últimos meses el uso funerario de las capillas. Concretamente, en la capilla de ‘La Blanca’ se ha registrado un arcosolio embutido en el lienzo del muro del Evangelio. Es decir, una hornacina o tumba que albergaba y cubría un sepulcro nobiliario. «Probablemente existía una sepultura suntuaria a ambos lados del altar. La estructura pudo construirse durante el siglo XVI. Se realizó con un elevado riesgo arquitectónico, ya que afectó a parte de uno de los contrafuertes de la cabecera de la iglesia. Este sepulcro pudo pertenecer al linaje de los Campo», señala Marcos.

Según este arqueólogo, el arcosolio se cubría con arco apuntado y seguramente angrelado, con motivos ornamentales góticos. Además, durante el descubrimiento de esta tumba, se comprobó que el muro y la estructura funeraria se encontraban muy alterados por reformas posteriores. «Probablemente en el siglo XVII conoce una intensa reforma, en la que se instala una hornacina con solución semiabovedada. Posiblemente, se relaciona con la transformación barroca que afectó a la capilla, con la instalación de un nuevo retablo y un transparente, bajo el patronazgo de las familias nobiliarias de Mena y de la Torre y Rado». Marcos asegura que en el siglo XX, en una de las restauraciones de la iglesia, este nicho se cegó y se rellenó todo el interior del muro.

Otros hallazgos interesantes 

Entre los materiales heterogéneos de relleno también se han recuperado piezas de interés arqueológico, aunque descontextualizadas: piedras labradas (un cairel, que es un fleco o festón colgante de un arco) y una moneda de 8 maravedís, del siglo XVII.

Pese al valor de estas piezas halladas recientemente lo cierto es que la aparición el pasado año de un cementerio ubicado en el subsuelo del templo, que podría fecharse entre el siglo VIII y el XII, es de mayor interés arqueológico. Durante el descubrimiento de esa necrópolis, aparecieron restos humanos en algunas tumbas, junto a jarritos incensarios que podrían corresponder a un rito funerario originario del norte de Europa, en concreto de Normandía, «ya que los maestros de la iglesia eran normandos», según la hipótesis de Marcos.

Además de la necrópolis, también salió a la luz una fase del edificio que podría ser anterior al gótico (época en la que se construyó la iglesia), y que pudo pertenecer a la época románica. Asimismo, se encontraron siete estelas discoideas, alguna de gran tamaño. Y también aparecieron dos monedas, una medieval de Enrique IV; hebillas de cinturón, también medievales (una de ellas del siglo XIV), laudas de sarcófago, y lascas del Paleolítico superior.

Resultado de las obras

El responsable de la restauración de los paramentos exteriores de la girola de la iglesia, José Ignacio González, avanzó que en un par de meses, «como mucho», estará finalizada esta actuación. De hecho, ya se ha retirado el 70% del andamiaje y en los próximos días comenzará la urbanización de la parte baja de esta zona del templo. También explicó que la obra ha sufrido retrasos debido a la mala climatología y a los temporales que este invierno causaron daños en la iglesia e impidieron por un tiempo ejecutar obras en determinadas zonas.

Con la retirada de los andamios, ha quedado al descubierto la zona rehabilitada y muchos son los vecinos que se han visto sorprendidos porque la piedra que se ha colocado en sustitución de la antigua nada tiene que ver con el resto en cuanto a tonalidad y textura. No obstante, el jefe de obra asegura que en un par de años apenas se notará, «ya que tendrá un tono más uniforme».

22 de febrero de 2013

Hallado un escenario de las guerras cántabras en Valdeolea

Los trabajos de investigación llevados a cabo en el Monte Ornedo revelan que el mayor castro cántabro conocido por el momento fue asaltado por las legiones romanas dirigidas por Augusto
Recreación del castro cántabro de Santa Marina en Monte Ornedo (Valdeolea). Foto: Diario Montañés.
Las sucesivas campañas de excavación arqueológica que se están llevando a cabo en el yacimiento de Santa Marina en Monte Ornedo (Valdeolea) han permitido comprobar que el castro que se levantó en el lugar, con una extensión de 19 hectáreas, constituyó el poblado fortificado de la etapa prerromana más extenso que se conoce en Cantabria.

Las prospecciones realizadas arqueológicas han puesto al descubierto que en la falda este del monte pudo haberse desarrollado un episodio de enfrentamiento inscrito en las Guerras Cántabras.

Una teoría que, según ha informado el Gobierno de Cantabria en un comunicado, avalan los materiales bélicos; los objetos metálicos rotos pertenecientes a la indumentaria, como las fíbulas con que se sujetaban los mantos a las túnicas, un remate de un distintivo de caballería de raigambre indígena, placas, etcétera, concentrados en una zona muy concreta, en las inmediaciones de la puerta incendiada del castro.

La destrucción de la muralla de piedra del gran poblado prerromano guarda relación, además, explica el Ejecutivo, con la creación de nuevas fortificaciones de campaña que responden a la técnica militar romana: dobles fosos excavados en el terreno y contrafosos o parapetos de tierra que se alzaban con el material extraído de los fosos, delatan la presencia de las tropas romanas. 


Se trata de una técnica "inequívoca" para los investigadores: los terraplenes de tierra superaban los cuatro metros de altura desde la base del foso, y se remataban con empalizadas. En lo alto los legionarios vigilaban y defendían la posición si fuera preciso ante un eventual ataque. Las dataciones de carbono 14 han permitido comprobar también que se trata de fortificaciones del momento de las Guerras Cántabras.  

Entre los años 26 y 25 a.C. se desarrollaron las ofensivas romanas mejor conocidas, siendo la primera de estas campañas comandada directamente por el emperador Augusto, por lo que se tiende a aceptar su presencia en el teatro de las operaciones de territorio cántabro.

Clavijas de las tiendas de campaña o los clavos de las sandalias de los legionarios son algunos de los objetos que se han recuperado durante los trabajos, pero también un puñal con remaches de plata o un proyectil incendiario de catapulta.

Todo parece indicar que el castro cántabro fue tomado al asalto e incendiado y que, sobre el lugar, se estableció un campamento de campaña. Posteriormente, pudo quedar una guarnición más estabilizada durante un tiempo no determinado. Las fortificaciones muestran dos fases, la de campaña temporal, que levantó estructuras de tierra, y otra posterior en la que las defensas se protegieron con un paramento exterior de piedra.

Otras evidencias

Todas estas nuevas evidencias sobre la presencia de las legiones romanas en la zona se suman a las que ya existían. En particular, a los hallazgos de prácticamente una veintena de términos augustales, los mojones que deslindaban los prados de la Legión IV Macedónica y el territorio de la ciudad de Julióbriga. Tres de ellos aparecieron a finales del siglo XIX como parte del material de construcción de la ermita dedicada a Santa Marina que daba nombre al monte.

Comúnmente se acepta que la legión se estableció en tierras palentinas, quizá en Herrera de Pisuerga, por lo que se podría relacionar a Santa Marina con Julióbriga, teoría que no puede darse aún por confirmada, pero que ahora cuenta con nuevos argumentos de apoyo a juzgar por los hallazgos del castro amurallado y del campamento y la guarnición romanos.

A los pies del monte, el yacimiento romano de Camesa-Rebolledo va viendo también progresar las excavaciones arqueológicas en el marco del mismo proyecto de investigación. Se trata del núcleo romano de población civil que sucede al castro durante los tres primeros siglos de la era cristiana.

El proyecto de investigación arqueológica se desarrolla en el marco de un Taller de Empleo de la Consejería de Economía, Hacienda y Empleo y el Ayuntamiento de Valdeolea, coordinado con la Consejería de Educación, Cultura y Deporte, a través del Museo de Prehistoria y Arqueología

12 de agosto de 2012

Hallado un anillo de oro de época visigoda en Riocueva (Cantabria)

El anillo ha sido analizado y contiene un 80% de oro y un 20% de plata.
El anillo contiene una inscripción con el nombre PAVL (A).
Los arqueólogos que están trabajando en el yacimiento de la cueva Riocueva de Entrambasaguas han anunciado el hallazgo de un "excepcional" anillo de oro de la época visigoda, según informa en nota de prensa del Gobierno de Cantabria.

La pieza presenta una "curiosa" decoración formada por cuatro letras enfrentadas de dos en dos, dispuestas de forma muy similar a los segmentos de círculo que adornan algunas de las estelas discoideas gigantes cántabras del Valle de Buelna.

Esas letras parecen formar la palabra PAVL(A), seguramente el nombre de la persona que lo llevaba puesto cuando fue enterrada en la cueva.

Su reducido diámetro permite suponer que Paula era apenas una niña cuando murió, señala el Ejecutivo.

En esta época el oro solía mezclarse con plata para la elaboración de joyas y monedas.

El anillo de Riocueva ha sido analizado y contiene un 80% de oro y un 20% de plata.

Aunque se trata de objetos bastante frecuentes en los contextos funerarios de época visigoda, lo habitual es que los anillos sean de bronce o más raramente de plata, lo que convierte a este ejemplar en una pieza excepcional.

La primera campaña de excavación en este yacimiento se desarrolló en el otoño de 2011, con financiación de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria.

Contó con la participación de una docena de voluntarios que, bajo la dirección de los arqueólogos José Ángel Hierro Gárate y Enrique Gutiérrez Cuenca, excavaron en diferentes puntos y realizaron una prospección sistemática de las galerías.

En esos trabajos se recuperaron restos humanos de al menos cuatro individuos, fechados por, carbono 14, en torno a los siglos VII y VIII, y un buen número de objetos que les acompañaban en su última morada.

La excavación llevada a cabo en Riocueva se integra dentro del Proyecto Mauranus, dedicado al estudio de la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media en Cantabria, a través de la arqueología.

La investigación tiene un enfoque multidisciplinar y cuenta con la colaboración y el asesoramiento de numerosos especialistas de diversas instituciones, como la Universidad de Cantabria (UC), el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, la Universidad de Valencia, la Universidad del País Vasco, la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Poznan (Polonia), el Museo de Altamira o el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria.

Esta colaboración está permitiendo realizar estudios sobre el yacimiento y sus materiales en diferentes campos, alguno de ellos pioneros en la región: análisis de paleomicrobiología, estudios de paleodieta, análisis químicos de materiales, estudios antropológicos, arqueobotánicos, etc.

Además, los materiales arqueológicos están contribuyendo en gran medida a mejorar el conocimiento sobre las producciones metálicas y alfareras de los inicios de la Edad Media en Cantabria.

Teniendo en cuenta la pequeña superficie excavada durante 2011, todo hace suponer que el número de hallazgos relevantes puede repetirse en las siguientes campañas, aumentando, si cabe, la importancia de un yacimiento que está llamado a convertirse en una referencia clave para el estudio arqueológico de los inicios de la Alta Edad Media en el norte peninsular.

Está previsto retomar las excavaciones en septiembre de 2012.

(Fuente: Europa Press)