Mostrando entradas con la etiqueta Baetulo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Baetulo. Mostrar todas las entradas

31 de octubre de 2012

¿El primer barco íbero?

Una nave en Cap de Creus (Gerona) construida con técnicas inéditas sorprende a los arqueólogos. El encaje de la quilla, una moneda íbera y la técnica constructiva levantan sospechas.
Medio barco fue desenterrado y se calcula que hay 48 hileras de travesaños.
Foto: Gustau Vivar.
Estar hundido no siempre es un problema. Al barco que naufragó frente al Cap de Vol, en El Port de la Selva, entre los años 10 antes de Cristo y 10 después de Cristo aproximadamente le ha ido la mar de bien tocar fondo. Porque pese a haber sido expoliado en 1967 por una banda de submarinistas belgas, que se llevaron cuantas ánforas encontraron, su conservación en el fondo mientras tecnología y conocimiento arqueológicos avanzaban permite anunciar que la nave era posiblemente no romana sino... íbera: no hay otra nave identificada de este pueblo que ocupaba la península antes de la llegada de los romanos. Como pueblo costero, los íberos con toda seguridad eran marineros, pero no existe hasta hoy constancia arqueológica de ello.

El expolio de 1967 no impide que en el pecio se conservaran restos de ánforas romanas. Los belgas sólo se llevaron las que estaban enteras, pero quedaron los pedazos. Son del tipo que los arqueólogos llaman Pascual 1 y por las inscripciones que llevan se sabe que se fabricaban en el taller que estuvo en lo que hoy es la estación de metro de Badalona Centro, la romana Baetulo. Por eso se sabe que el barco naufragó en esa veintena de años alrededor del cambio de milenio. Por eso se ha creído siempre que el barco era romano. Y no está probado que no fuera así, aunque numerosos indicios sugieren que el barco no era de esta factura, si no, al menos, heredero de la tradición íbera. "El problema de los íberos es que sólo se los ha excavado en tierra, no en el mar. Y eran un pueblo de costa: ¿cómo es posible que no sepamos nada de su vertiente marinera?", apunta Gustau Vivar, codirector de la operación y responsable del Centre d'Arqueologia Subaquàtica de Catalunya (CASC), dependiente de la conselleria de Cultura. "En el mar, los cambios tecnológicos son muy lentos, porque un mal experimento te mata. Por eso no sería extraño que los barcos íberos fueran como este, aptos para esta costa, aunque los llevaran los romanos".

  •  "Trabajamos con la hipótesis de que el barco es de tradición ibera porque tiene algunos elementos definitorios tan claros que quizás estamos hablando de que representa la tradición ibera. Pero no podemos asegurar nada con rotundidad", admite Vivar.
Hace un par de años, el CASC, situado en Girona, decidió volver a investigar aquel barco, en un proyecto -cuyos otros codirectores son Rut Geli y Carlos de Juan, y que ha contado con el apoyo del ayuntamiento del Port de la Selva- que profundizara en el conocimiento de la que se considera la primera industria "catalana" exportadora: la del vino romano.

El barco de Cap de Vol transportaba vino barato para las tropas romanas de las Galias y Germania. En un momento en que las esperanzas de supervivencia de las empresas pasan en parte por la internacionalización, visitar aquel momento de la historia económica local tenía su interés.Por las ánforas se conocía la datación aproximada del viaje y lo que transportaba. Las naves que partían de Baetulo o de la Tarraconense tenían por destino Narbona, desde donde se distribuía el vino a las tropas. En la investigación que se ha desarrollado este verano han aparecido, en el fondo del mar, algún cuello de ánfora con el tapón de corcho... horadado. El vino era de baja calidad y proseguía su fermentación en el ánfora, de manera que se dejaba un orificio para la evacuación de gases. No por malo fracasó. Este vino acabó llegando a Roma. "Es el primer momento de exportación desde aquí, pero no de un producto sobrante, sino de un producto que se hace para exportar", añade Vivar.

El barco fue someramente investigado en 1979 y 1980. En la actual campaña fue localizado de nuevo, enterrado bajo 60 centímetros de arena, y la sorpresa ha llegado cuando se ha empezado a analizar sus detalles. Varios de ellos no son de factura romana, sino de origen incierto. De entrada, la quilla es casi plana. La costa catalana de la época era muy similar a la de la actual Camarga francesa, con marismas (de ahí Maresme), lagunas, ríos transitables. De este modo no hacía falta construir puertos, porque los propios ríos permitían amarrar y cargar. Con el ahorro inversor que eso implicaba. Pero para eso se exigían calados leves, y las naves romanas los tenían altos, porque la costa itálica, más profunda y con corrientes más fuertes, así lo exigía.

Hay más detalles no-romanos en la nave: algunas cuadernas están interrumpidas; el sistema de punzones con que se aguantan las maderas es propio; una reparación en el casco, en forma de hexágono, presenta una técnica extraña; hay algunos rebajes en las traveseras de madera, posiblemente para atarlas, y eso es nuevo; el sistema de construcción era de casco previo, es decir, primero se armaba el forro y luego se le insertaba la estructura... Y el detalle más llamativo: bajo el mástil colocaron una moneda -que sobrevivió a los belgas y más de dos mil años de aguas- apotropaica (aquel objeto que se usa simbólicamente para algo ajeno a su función real) que es, con toda certeza, íbera. "Trabajamos con la hipótesis de que el barco es de tradición ibera porque tiene algunos elementos definitorios tan claros que quizás estamos hablando de que representa la tradición ibera. Pero no podemos asegurar nada con rotundidad", admite Vivar. Tres especialistas en cultura ibera, Yaacov Kahanov, de la universidad de Haifa, Patrice Pomey, de la de Marsella, y Eric Rieth, de París están empezando a sostener que los iberos tuvieron una sólida formación y tradición marinera.
(Fuente: La Vanguardia / Ignacio Orovio)

28 de diciembre de 2010

Badalona se reencuentra con Baetulo: el museo se reestrena con nuevos fondos procedentes de las últimas obras en la ciudad

Han tardado más de una década en emerger. Mientras se perforaba el túnel del metro, bajo las casas del barrio más antiguo y a la vez que se reformaba el centro, retales de la Badalona primigenia se interponían a cada pocos golpes de pala.
El legado de la romana Baetulo se escruta desde hace casi un siglo y, en los últimos años, ha brotado la mayor cosecha de vestigios que se recuerda en la población: ánforas, joyas, ruedas de carro, piedras moldeadas como munición para las catapultas, entradas de teatro y, también, huesos ocultos bajo tierra durante dos milenios.
La visita al museo será gratuita hasta el 6 de enero.


Con la conexión de ambos espacios, se han descubierto vías hasta ahora enterradas bajo viviendas que el Ayuntamiento ha expropiado, canalizaciones que descendían desde el foro -aún escondido bajo la iglesia de Santa Maria-, estancias en las que se han restaurado los frescos originales, tumbas, los pilares de unos talleres y los recios muros de lo que se piensa que fue un mercado. Una parte de los nuevos fondos que dispone el museo proceden del subsuelo de la plaza de Font i Cussó, un yacimiento en el que se han desempolvado murales que ahora lucen en la exposición permanente.El Museo de Badalona está de estreno tras meses de reformas, en las que se ha ensachado el recorrido de 700 a 3.400 metros cuadrados por los restos de uno de los conjuntos arqueológicos más ricos de Cataluña y que se propone abrirse hueco como un punto de atracción de turistas. El circuito une las viejas termas con el adoquinado del decumanus, la avenida principal de Baetulo.


En algunos tramos, las pasarelas por las que el público se encamina por el entramado en el que vivieron los primeros moradores del municipio abrazan una panorámica de las calles que se han podido redibujar. La visita se completa con la exhibición de varias piezas, que se han multiplicado por cuatro. En las vitrinas, la Venus de Badalona y la tabula hospitalis -las obras más preciadas-relumbran junto a algunas tallas cedidas por el Museo de Arqueología, como el busto de Agripina, que se halló en las primeras exploraciones de Baetulo.

Joyas ocultas

Asimismo, son visibles unas pocas reliquias del Neolítico y los restos de un caballo que se desenterró en el centro de Badalona, durante la ampliación de la Línea 2. En las obras también se recuperaron pedazos de ánforas rotas, la prueba de que Baetulo fue un polo de comerciantes de vino, que llegaron a exportar el fruto de las vides hasta el sur de Inglaterra, e importaba aceite de la Bética.
Pese a que la colección se ha ampliado, una de las joyas de la herencia latina de la localidad barcelonesa permanece oculta. Se trata de un mosaico amagado en los bajos de una escuela y que apenas se enseña unas pocas horas durante el año. Según cuentan en el Ayuntamiento, los propietarios del inmueble pidieron dinero a cambio de la obra y el Consistorio está dispuesto a litigar para que el patrimonio no siga siendo privado.
Contemplar el renovado recinto es gratuito hasta el próximo 6 de enero. Tras la Navidad, la entrada costará seis euros y permitirá acceder a otras instalaciones, como el Jardí de Quint Licini y la Casa dels Dofins, que se adentran en la ciudad que los romanos construyeron bajo el barrio de Dalt la Vila y que ahora Badalona ha reencontrado.
(Fuente: El Mundo)