21 de agosto de 2017

La corona del rey Sancho IV se expondrá en el Museo Arqueológico Nacional

La corona de Sancho IV, que a su vez también había pertenecido a Alfonso X el Sabio y que tiene un gran valor histórico y arqueológico, "brillará" durante medio año, entre octubre de 2017 y abril de 2018, en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, cedida por el cabildo de la Catedral de Toledo.
La corona está compuesta por ocho placas articuladas y flexibles que alternan otros tantos zafiros y camafeos.
La corona formará parte de la exposición 'El poder del pasado. 150 años de arqueología en España', según explicó el responsable de Patrimonio de la Catedral Primada, Juan Pedro Sánchez.

La corona apareció de "manera fortuita" en 1959, cuando el cabildo ordenó abrir la tumba de Sancho IV de Castilla, que había querido ser enterrado en Toledo, y se descubrió la reliquia sobre sus sienes. Una corona que se iba heredando y también fue llevada por Alfonso X el Sabio e incluso pudo usarla Fernando III, ha explicado Sánchez.

Sancho IV de Castilla, hijo de Alfonso X El Sabio y Violante de Aragón, había nacido en Valladolid en 1258, murió en Toledo en abril de 1295 y fue enterrado en la capilla de Santa Cruz de la Catedral para cumplir su voluntad.

"La corona es sencilla, muy bonita y está compuesta por ocho placas articuladas y flexibles donde se alternan piedras preciosas, cuatro zafiros y cuatro camafeos, con ágatas mientras que en cada placa se erige un castillo de tres torres para destacar el reino de Castilla", ha relatado Sánchez.

Los camafeos datan del siglo II y son "importantes" porque, de los cuatro bustos que exhiben, uno es del emperador romano Augusto y el resto son dos personajes masculinos y uno femenino no identificados aunque es probable que fueran familiares de Julio Claudio.

HITO DE LA HISTORIA DE ESPAÑA
"Creo que es una pieza importante que marca un hito a lo largo de la historia de España", ha afirmado Sánchez, quien ha añadido que la corona ha sido elegida para la exposición porque ha estado en manos de Sancho IV, Alfonso X el Sabio o Fernando III, que tenían "idea de imperio" y, por este motivo, también guarda relación con los camafeos y con el busto que reproduce al emperador romano.

Habitualmente esta corona está expuesta al público en el Museo de Tapices de la Catedral de Toledo, junto con la espada de Sancho IV, el tejido en el que estaban envueltas las piezas, que tiene impregnado aceite del bálsamo, un almohadón de estilo árabe y otros complementos que se hallaron en la tumba, como zapatillas o espuelas.

De todas estas piezas, se ha escogido la corona para la exposición en el Museo Arqueológico Nacional porque es donde reside la fuerza del poder y por su simbolismo, ya que representa la cabeza de todos los castillos en una época medieval donde imperaba el feudalismo, ha asegurado el responsable de Patrimonio de la Catedral de Toledo.

A su juicio, la "fascinación" que puede sentirse hacia una corona tiene mucho que ver con la información que aporta sobre cómo pensaban y vivían en otra época.

SEGURIDAD
La vigilancia de estas piezas es "permanente y máxima" y, para viajar a Madrid, también se requieren importantes medidas de seguridad, de modo que se trasladará desde Toledo con un correo que irá apoyado por agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional.

La corona de Sancho IV ya viajó a Murcia para participar en una exposición sobre Alfonso X El Sabio y también acudió a otra exposición en el Monasterio de Las Huelgas, en Burgos.

La corona es una de las "muchísimas" piezas de "gran valor" que la Catedral Primada custodia y, en muchos casos, expone; entre ellas, la Biblia de San Luis, que se guarda en el templo toledano desde mediados del siglo XIII, o la Custodia de Arfe que sale en procesión cada año el día del Corpus Christi.

El Museo Arqueológico Nacional albergará la exposición 'El poder del pasado. 150 años de arqueología en España' del 2 de octubre de 2017 al 1 de abril de 2018 para conmemorar los 150 años de la creación de este museo.

8 de agosto de 2017

Colecta para excavar en el asentamiento prerromano de Complutum

Un grupo compuesto por la arqueóloga Sandra Azcárraga; el director del Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, Enrique Baquedano; el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Gonzalo Ruiz Zapatero; y el también profesor de la UCM, Arturo Ruiz Taboada, ha iniciado una colecta para hacer excavaciones en el asentamiento prerromano que hay en el entorno de la ciudad de Complutum, en Alcalá de Henares.
Casa de los Grifos de la ciudad romana de Complutum, en Alcalá de Henares. (Foto: Ayuntamiento de Alcalá de Henares).
Así lo ha explicado Sandra Azcárraga, que al tratarse de una iniciativa particular, están recaudando dinero para pagar “comidas y seguros” a los estudiantes universitarios que quieran hacer “prácticas y colaborar” en el yacimiento. “Cuanto más dinero tengamos más trabajos podremos hacer. Si cubrimos gastos podremos hacer análisis de muestras de carbono 14 o estar más días”, ha indicado.

Hasta hoy se han recaudado 1.400 euros. El grupo ha situado el objetivo mínimo en los 2.400. “Algunas instituciones sí nos apoyan, cediéndonos material o con donaciones”, ha reseñado Azcarraga, que también ha relatado cómo comenzó esta propuesta de excavación.

PRIMITIVA COMPLUTUM
El entorno en el que comenzarán los trabajos arqueológicos es el el del Cerro de San Juan del Viso, en Alcalá de Henares. “La primera ciudad de Complutum, la primitiva, fue construida en lo alto del cerro”, detalla Azcárraga, que ha explicado que el asentamiento romano se trasladó a la parte de abajo, la nueva Complutum.

Aunque se ha investigado más la Complutum más reciente, Azcárraga cuenta que descubrió el plano de la ciudad antigua dibujado sobre el cereal de lo alto del cerro mientras consultaba una imagen aérea del Instituto Nacional Geográfico para su tesis doctoral. “Se pueden distinguir todas las líneas que marca la traza de la Complutum original”, ha señalado la arqueóloga.

Esta primera Complutum dio origen a lo que hoy es Alcalá de Henares. Lo que se va a investigar es un asentamiento prerromano que existe en lo alto del cerro, frente al que los romanos instalaron su campamento que daría paso años después a Complutum. “El campamento puede ser de la época de César, año 40 a.C., y la ciudad se construiría entre finales de la República e inicios del Imperio, entre los años 40 a.C. y 60 d.C.”, ha señalado.

ORIGEN CARPETANO
El asentamiento prerromano era carpetano, según ha apuntado la arqueóloga, que se ubica en un terreno del Ministerio de Defensa que ha autorizado las excavaciones. El resto de la Complutum original se asienta sobre un terreno de un privado para el que no han conseguido permisos.

Azcárraga asegura que la excavación no está vinculada a una universidad porque ella está ahora empleada en la administración municipal y las cosas “se han precipitado”, porque no contaba con recibir los permisos para excavar este año. Gracias al estudio de imágenes aéreas, se han detectado ya ruinas de antiguos edificios. “Lo que vamos a abrir es en teoría el asentamiento prerromano”, ha indicado.

INCENTIVOS
Para incentivar la financiación del proyecto, Azcárraga ha señalado que hay una serie de recompensas, que varían en función de si se colabora con 10 o con 200 euros. Por 25, por ejemplo, se obtiene el agradecimiento expreso del grupo de arqueólogos a través de sus plataformas de difusión, una visita guiada al yacimiento, y un artículo en PDF sobre los descubrimientos.

En su web, Primitiva Complutum, el grupo de arqueólogos ha defendido que colaborar es “una oportunidad única de ser partícipe del crecimiento de uno de los yacimientos más importantes de la Comunidad de Madrid” y también de invertir “directamente en cultura, un sector tan necesitado de ayudas como necesario para el crecimiento y desarrollo de nuestra sociedad”.

7 de agosto de 2017

La excavación en el yacimiento de Driebes descubrirá el foro de la ciudad romana de Caraca

Los trabajos arqueológicos, cuya primera fase acaba el 16 de agosto, se centran en recuperar dos espacios clave: la plaza pública y una de las vías principales. Los restos encontrados hasta ahora acreditan la existencia de la primera ciudad romana localizada en Guadalajara entre el siglo X a.C. y el siglo II d.C. Emilio Gamo, director de las excavaciones: “la campaña arqueológica está confirmando el hallazgo que detectó en febrero el georradar
Las excavaciones en el yacimiento de Driebes las dirige el equipo técnico encabezado por los arqueólogos Emilio Gamo y Javier Fernández. También participa un equipo multidisciplinar del que forman parte los también arqueólogos Saúl Martin y David Álvarez. FOTO: RAQUEL GAMO
“Caraca fue la primera ciudad romana con rango jurídico en la provincia de Guadalajara”. Así lo confirma Emilio Gamo, codirector del ‘Proyecto Driebes’, a eldiarioclm.es, después de que las excavaciones arqueológicas que actualmente se desarrollan al sur de la localidad de Driebes, en la comarca de la Alcarria Baja, hayan podido confirmar la existencia de este asentamiento de época romana, tal como apuntaba la investigación llevada a cabo mediante la técnica del georradar.

Caraca data del primer milenio antes de nuestra era. Y no es la única constatación fehaciente. Los trabajos a pie de campo, que se iniciaron a mediados de julio, han revelado los restos del pórtico y la cabecera del foro, una prueba que cumple con una de las mayores expectativas de esta investigación. “Nos encontrarnos ante la ciudad romana más primitiva de la provincia de Guadalajara”, admite el arqueólogo. De hecho, la existencia de un foro, centro de la vida social en el Imperio romano, es precisamente el criterio por el que se otorgaba el estatus de ciudad a una población.

El paisaje bajo el que yace Caraca es mesetario, casi lunar. Se trata del Cerro de la Virgen de la Muela, al sur del municipio de Driebes. Es un paraje a 600 metros de altitud, abierto, vasto, rodeado de barrancos esteparios, casi desérticos por la pobre vegetación de matorral. Este alto en el que también se emplazan los restos de la Ermita Nueva contrasta con la deliciosa imagen de la fértil vega, regada por el río Tajo que puede otearse en el horizonte. Una paleta de diversidad y cromatismo que tanto caracteriza a Guadalajara.

Pasear por esta loma es como reencontrase con la historia antigua y experimentar la sensación de caminar encima de unas termas o un mercado de época romana. La ubicación de la que fue la antigua Caraca hace que el viajero pueda toparse con todo tipo de vestigios. Por ejemplo, valiosas cerámicas, piedras de granito u otros objetos que formaban parte de la vida cotidiana de nuestros antecesores.

UNA CIUDAD MEDIANA
Caraca, según los especialistas que trabajan en su emplazamiento, debió de ser una ciudad mediana en su tiempo con una población de entre 1.500 y 1.800 habitantes. Otra relevante infraestructura que refuerza la hipótesis de que ésta se trataba de una urbe administrativa es el acueducto de tres kilómetros que abastecía a los pobladores desde el manantial de Lucus o ‘bosque sagrado’ en latín y que, gracias a la arqueología, se ha recuperado parcialmente.

El punto geográfico escogido por los romanos para construir Caraca no fue casual, como nada que tenga que ver con esta avanzada civilización que sentó las bases de la ingeniería civil hace 2000 años. Al contrario, el Cerro de La Muela, que es donde asienta, estuvo considerado, según puntualiza Emilio Gamo, una zona “estratégica” de la meseta sur desde donde la población dominaba el Tajo por el norte y controlaba diversos arroyos y vegas circundantes. Esta situación privilegiada permitió a los romanos, por un lado, defenderse de las invasiones enemigas y, por otro, abastecerse de abundante agua para sostener su próspera economía basada en la explotación del ‘lapis specularis’-mineral usado en el Imperio Romano para construir ventanas- y en la fabricación de esparto, una planta empleada antiguamente para la minería y la cordelería de los barcos.

De ahí que los romanos decidieran asentarse en Caraca, ciudad ubicada en la vía ‘Complutum-Carthago Nova’- principal centro portuario de la época-, a medio camino entre Alcalá de Henares (Complutum) y Segóbriga, otro yacimiento cercano en la provincia de Cuenca. “Probablemente la ciudad se abandonó en el siglo II después de Cristo por el fin de las actividades mineras que se llevaban aquí a cabo”, explica Gamo al hablar sobre el ocaso de Caraca.


"GRAN DESCUBRIMIENTO"
El yacimiento del cerro de la Virgen de la Muela está ubicado sobre un amplio cerro amesetado situado en la orilla derecha del Tajo, cuando traza un amplio meandro, y está delimitado por barrancos con un curso de agua irregular. Se sitúa una altitud de 610 metros y la extensión del yacimiento de época imperial es de al menos 8 hectáreas.

A nivel geológico, la zona a estudio está compuesta de gravas, arenas y limos del cuaternario Superior. Se trata de un área, por tanto, óptima para el asentamiento antrópico. Esta visión queda reforzada por la situación estratégica del enclave, dominando el Tajo desde el norte, el arroyo del Barranco al este, el arroyo Salobre al oeste y una fértil vega a sus pies, al sureste.

Juan Manuel Abascal, catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Alicante, sostiene que Caraca “es, sin duda, el gran descubrimiento arqueológico de los últimos años en Castilla-La Mancha”. Especialmente, por la luz que arroja acerca “del trazado de las principales vías romanas a su paso por la actual provincia de Guadalajara”.

EQUIPO TÉCNICO
La campaña arqueológica en el yacimiento de Driebes está siendo ejecutada por un equipo técnico encabezado por los arqueólogos Emilio Gamo y Javier Fernández, y un equipo multidisciplinar del que forman parte los también arqueólogos Saúl Martin y David Álvarez. Además, un grupo de nueve peones naturales de Driebes, contratados mediante el Plan de Empleo de la Junta de Castilla-La Mancha, se encarga de excavar con pico y pala cada mañana durante seis horas en las tres catas que se han abierto en el yacimiento: dos en las que, según apuntan los estudios previos, se situaría el foro; y otra que pertenecería al ‘decumano’ o calle principal del enclave que se cruzaba perpendicularmente con el cardo, la otra gran vía del plano urbano que discurría de norte a sur de la ciudad.

El objetivo esencial del trabajo de campo que se llevará a cabo en el Cerro de la Virgen de la Muela hasta el próximo 16 de agosto es verificar los resultados del ‘georradar’ tridimensional que durante la fase previa de prospección arqueológica del terreno arrojaron “la presencia de una planta urbanística plenamente establecida en las dos calles principales de una ciudad romana, el foro, unas posibles termas y un posible ‘macellum’ o mercado”.

POBLADO CARPETANO ANTERIOR
En noviembre de 2016, el grupo de arqueólogos desarrolló una prospección arqueológica sobre 1,3 hectáreas del Cerro de la Virgen de la Muela a través de la tecnología del georradar con la que se determinó que estas ruinas correspondían probablemente a una población con su foro, sus termas y su acueducto, entre otros edificios. Se trataba de una ciudad romana reconstruida sobre un poblado carpetano existente anteriormente.

Tras varios meses, las expectativas depositadas por los arqueólogos en la información aportada por la técnica se van cumpliendo punto por punto. “De momento las excavaciones están confirmando lo que habíamos visto en las prospecciones”, reconoce Gamo. De este modo, la información que ofrezcan los restos hallados servirá para “analizar cómo se produjo el proceso de romanización en la provincia de Guadalajara y en Castilla-La Mancha”, mediante la evolución histórica de Caraca desde el primer mileno a.C. hasta el Siglo II d.C.

VISITA GUIADA
La primera visita guiada que el grupo de arqueólogos organizó al yacimiento el pasado jueves despertó una gran expectación. Contó con la participación de cerca de un centenar de visitantes de Driebes y otras localidades que, a pesar del incesante calor que caía sobre el cerro, no faltaron a la cita con Caraca. Esa misma tarde tuvo lugar otra visita por la tarde y, además, hay programadas otras dos: el día 10, organizada por la Asociación de los Amigos del Museo de Guadalajara y, al día siguiente, otra de la Asociación de Mujeres de Brea del Tajo.

Durante el recorrido por Caraca, Emilio Gamo describió con todo lujo de detalles los avances que se han alcanzado en apenas 20 días de trabajo. Y, aunque aún no hay nada asegurado y los especialistas recomiendan conceder tiempo y prudencia a las investigaciones, lo cierto es que los trabajos realizados hasta la fecha permiten alumbrar la esperanza sobre la confirmación de los hallazgos detectados por el georradar. En primer lugar, el arqueólogo se detuvo en las inmediaciones de la Ermita Nueva de Driebes, sobre la que aún perviven varias leyendas a su alrededor y desde donde puso en situación a los escuchantes sobre el contexto de la investigación.

PÓRTICO DEL FORO
En la primera cata que los técnicos han abierto en el yacimiento arqueológico, los trabajos se enfocan a encontrar una zona característica del foro: el pórtico. Según Gamo, “la presencia de un espacio diáfano, rodeado al sur por una columnata a modo de pórtico y al norte por dos habitáculos de grandes dimensiones al sur de la actual ermita hace pensar que podría tratarse de un foro”, es decir, el área pública y administrativa del núcleo.

En una segunda excavación, situada a escasos metros de la anterior, la investigación se propone “documentar una parte del ‘decumano’ cercana a su conexión con el cardo máximo”. Aquí se puede observar un rebaje de la calzada empedrada para la conducción de las aguas residuales, que ratifica la hipótesis del georradar de que en esta ciudad romana hubo un sofisticado sistema de alcantarillado. También es visible un muro que pudo pertenecer a una villa e incluso restos de una viga de madera que formaría parte de la sujeción de la citada casa.

Y, finalmente, en la tercera cata podría ubicarse un complejo de instituciones públicas, civiles o religiosas aún por determinar. “Hemos hallado todo lo que esperábamos y a partir de este momento pueden venir las sorpresas. Queremos llegar al nivel ocupacional de las catas y en este punto que alberga la cabecera del foro podríamos encontrar el Templo Imperial, la Curia o la Tesorería”, asegura Javier Fernández Ortea, codirector del ‘Proyecto Driebes’.


APOYO DE LA JUNTA
La ruta arqueológica culminó a la entrada de la antigua ciudad romana, una pronunciada pendiente desde donde se contempla idéntico paraje árido y desmochado. En medio de este entorno se conserva la vía que daba acceso al municipio, la conocida como Vía Espartaria, que se prolonga hasta llegar al río Tajo y sobre el que los romanos debieron construir un puente, hoy desaparecido. Caraca debió contar con una extensión de entre 8 y 12 hectáreas.

Entre los asistentes a la visita se encontraba Faustino Lozano, director provincial de Cultura, quien reiteró el compromiso del Gobierno regional con la continuación de las excavaciones arqueológicas “interesantes” que se están ejecutando en la provincia de Guadalajara. “Sigue habiendo mucha expectativa, pero hay que seguir con prudencia los trabajos cuya continuidad dependen de las subvenciones públicas que convoca anualmente la Junta. Es una pena que a veces algunos yacimientos se queden sin ayudas, porque Guadalajara es muy rica en estos recursos”, admitió.

FINANCIACIÓN DEL PROYECTO
La financiación de las excavaciones en el enclave de Caraca ha corrido a cargo de la Junta de Castilla-La Mancha, que ha aportado 16.000 euros; además de las aportaciones del Ayuntamiento de Driebes, la Asociación de Mujeres de Brea de Tajo y la Asociación de Amigos del Museo Provincial de Guadalajara. Mediante un canal de ‘crowdfunding’, destinado a incrementar los fondos para la investigación, se recaudaron 11.000 euros en solo tres meses, lo que da una idea del fervor que este hallazgo ha causado entre la población de Driebes y su entorno.
Pueblo ilusionado

“La gente de Driebes es sencilla y tiene una gran humanidad, un corazón muy grande. Somos especiales”. Así califica el alcalde, Pedro Rincón a sus conciudadanos. Y es que Driebes vive con enorme entusiasmo el hallazgo de la ciudad romana de Caraca, a escasos 6 kilómetros de este municipio de la Alcarria Baja, rayano con la Comunidad de Madrid.

Con un censo municipal de alrededor de 300 habitantes, la materialización de este hito arqueológico actuaría como foco cultural y turístico para atraer viajeros a toda la comarca. “De momento ya hemos ganado mucho. Recibimos la visita de gente de toda España y del extranjero, que pasan por el pueblo, preguntan, compran algo y eso da más vida al pueblo”, asegura el primer edil a eldiarioclm.es. En cuanto a los planes que imagina para Caraca, el regidor reconoce que “todos tenemos un sueño: que haya un centro de interpretación, un pequeño museo… pero todo esto depende de los resultados que vayamos obteniendo y de las ayudas”.

La entrega de los driebanos al proyecto para desenterrar a su ciudad romana del olvido encuentra un claro ejemplo en la solidaridad de los hermanos Ángel y Pedro Zorita, propietarios durante décadas de los terrenos bajo los que se asientan los vestigios de Caraca.

Ambos se los compraron a una monja de Driebes en 1979 y, según cuenta, siempre sospecharon que “ahí debajo” había algo extraordinario. “Vaya campos más malos que hemos hecho, no salen más que piedras”, le decía Ángel a su hermano. Casi 40 años después, el mayor de los hermanos Zorita, de 82 años, cree que el proyecto “tiene buena pinta”. Los dos han colaborado con la causa cediendo sus dominios agrícolas. La participación de su hijo y su nieto en las excavaciones demuestra la ligazón que existe entre el pueblo de Driebes y Caraca, convertida desde este año en un insólito aliciente en la oferta cultural y turística de Guadalajara en el futuro.

4 de agosto de 2017

Documentan una necrópolis medieval "única" de los siglos X y XI, en Lobera de Onsella (Zaragoza)

Hasta el momento, se han excavado 17 enterramientos, que corresponden a hombres, mujeres y a dos niños, todos ellos sin ajuar de ningún tipo. Los análisis realizados en Estados Unidos a las pruebas tomadas en los enterramientos ofrecen una cronología de entre los años 943 y 1024, periodo anterior a la formación del Reino de Aragón.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en la localidad zaragozana de Lobera de Onsella han sacado a la luz una necrópolis medieval única en su género en toda España.

Hasta el momento, se han excavado 17 enterramientos, que corresponden a hombres, mujeres y a dos niños, todos ellos sin ajuar de ningún tipo. Los análisis realizados en Estados Unidos a las pruebas tomadas en los enterramientos ofrecen una cronología de entre los años 943 y 1024, periodo anterior a la formación del Reino de Aragón.

Así lo han explicado en una rueda de prensa el diputado provincial delegado de Turismo de la Diputación de Zaragoza, Bizén Fuster, el alcalde de Lobera de Onsella, Chabier Mayayo, y José Ignacio Lorenzo, arqueólogo y antropólogo, decano del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras de Aragón y director de la investigación arqueológica.

La necrópolis se descubrió hace tres años, de forma accidental, durante las faenas agrícolas de un vecino en el llamado cerro de San Miguel. La investigación arqueológica ha puesto de manifiesto la importancia del enclave, puesto que en él ha aparecido un tipo de enterramiento hasta ahora desconocido en la España medieval, en que los cuerpos se depositaban en habitáculos construidos con piedras amontonadas.

PUERTAS ABIERTAS
El alcalde del municipio, Chabier Mayayo, ha explicado que el próximo sábado se mostrarán las excavaciones y los restos encontrados durante una jornada de puertas abiertas.

Comenzará a las 12.00 horas con una conferencia a cargo del arqueólogo José Ignacio Lorenzo, a la que seguirá la proyección de un vídeo sobre el yacimiento y la inauguración de una exposición con fotografías de este espacio. A las 19.00 horas se llevará a cabo una visita guiada a la necrópolis.

Lorenzo ha resaltado la "importancia" de la "colaboración inusual" que se ha dado entre las tres instituciones implicadas , el Ayuntamiento, el Gobierno aragonés y Diputación de Zaragoza, lo que ha permitido realizar el estudio de dos muestras de dos tumbas en Estados Unidos.

El arqueólogo ha añadido que "no se trata de una tumba medieval más", y ha destacado las particularidades de estos enterramientos. En primer lugar, la datación de las tumbas, que ha situado entre los años 943 y 1024, "muy antiguas, que nos sitúa en los orígenes del Reino de Aragón" en el caso del año 943, y en el antiguo reino de la Bal d'Onsella. Ha añadido que hasta ahora los enterramientos más antiguos procedían del siglo XI.

TUMBAS TRAPEZOIDALES
Asimismo, ha resaltado su tipología "diferente", que se define por primera vez, dado que son tumbas "más o menos trapezoidales, pero con un pequeño estrechamiento en la parte superior y con la cabeza no marcada", además de rodeadas de losas de piedra que delimitan los laterales.

Hasta el momento se han excavado 17 tumbas "y todas con esta tipología. Se trataría de una población que se asentó en el cerro de San Miguel y, por los siete individuos analizados, eran personas "del valle del Ebro", no muy altos, con 1,65 o 1,70 metros de altura máxima. Se observan físicamente "castigados" en sus extremidades y con signos de "mala alimentación, con gingivitis generalizada en la dentadura", según el experto.

RELACIONES FAMILIARES
De las 17 tumbas excavadas, dos pertenecen a niños de 9 y 11 años de edad, tres a mujeres de más de 30 años, cuando lo habitual en la época era que fallecieran en el parto, y el resto a hombres de distintas edades. En todos ellos "se aprecian que tienen relaciones familiares".

Junto a los huesos no ha aparecido ningún otro material arqueológico ni de cerámica. Era común en la época que los cuerpos no se enterraran junto a objetos por orden de la Iglesia y solo se salvaban de esta norma los "privilegiados", como los Reyes de Aragón.

Lorenzo ha manifestado que este año quieren estudiar la extensión total de la necrópolis y encontrar otros restos humanos. Por su parte, el alcalde ha indicado que se desconoce la extensión exacta del yacimiento, pero ha estimado que "supera al núcleo actual de Lobera de Onsella", dado que ocupa el actual cementerio y parte de los campos anexos.

3 de agosto de 2017

En búsqueda de la casa de El Cid, en Burgos

La excavación iniciada en el Solar del Cid trata de dar respuesta a la pregunta sobre si Rodrigo Díaz de Vivar tuvo una vivienda en ese espacio. Ya se han extraído numerosos restos de cerámica, hierro y monedas.
Excavaciones iniciadas en el Solar del Cid, en la calle Fernán González. FOTO: LA TRIBUNA DE SALAMANCA
La tradición oral establece un vínculo de Rodrigo Díaz de Vivar, 'el Cid', con la iglesia de San Martín, que estuvo ubicada cerca del Arco de San Martín, al final de calle Fernán González y donde se levanta lo que hoy se conoce como "el Solar del Cid". Un espacio en el que se están llevando a cabo unas excavaciones arqueológicas dirigidas por Fabiola Monzón, arqueóloga responsable también de los trabajos que se están realizando en la iglesia deSan Román, para encontrar restos que puedan acreditar la existencia de las llamadas ‘Casas del Cid’.

Los primeros hallazgos de las excavaciones, en las que están participando la asociación Ego Ruderico, que puso en conocimiento del Ayuntamiento la investigación que estaba realizando sobre este espacio, el Consistorio y la Junta, no se han hecho esperar, aunque, como advierte Monzón, no hay todavía resultados concluyentes. Se han sacado numerosos restos de cerámica, hierros, «algunas monedas, que están en proceso de limpieza, un hacha pulimentada», muchos objetos que se van a a analizar, aunque adelantó que pueden pertenecer a la Edad Media.

La arqueóloga destacó que el objetivo es «comprobar la estratigrafía y el estado de los restos arqueológicos». Monzón recordó que las primeras noticias documentadas del Solar del Cid y de las ‘Casas del Cid’ están vinculadas al Monasterio de San Pedro de Cardeña y se remontan al siglo XV. Es entonces cuando queda constancia del deseo de los monjes de arrendar unas casas que fueron del Cid. Con el paso de los años, estas viviendas están prácticamente en ruinas y en 1593 «el Ayuntamiento decide obtener a censo perpetuo lo que habían sido supuestamente las casas del Cid», apunta la arqueóloga. Lo hace a cambio de pagar 500 maravedíes anuales y levantar un arco. No hay constancia de que se levantara ese monumento. No será hasta el año 1784 cuando se erige el actual, con el escudo delCid en el centro, flanqueado por los de Burgos y Cardeña.

La pregunta es inevitable: ¿Tuvo el Cid una casa aquí? La responsable de la excavación recuerda que «siempre ha habido una tradición vinculada con esa iglesia, pero realmente no hay una documentación escrita que nos lo aporte». A ello añade el hecho de que «es Fernando VI el que potencia esta zona con el Camino de Santiago, el hospital del emperador SanJuan,... y ¿por qué no? si él no tuvo casa le pudo donar algún solar o casas, cabe esa posibilidad, que por el momento desconocemos».

Lo que sí se sabe es que el Solar del Cid ha permanecido prácticamente inalterado con el paso de los años. Aunque sí ha cambiado mucho el entorno. Monzón mostró u grabado y una fotografía para reflejar esa transformación. Enseñó un grabado publicado en 1820, pero que «estaría hecho antes, ya que este barrio se derriba con la iglesia de San Román en la Guerra de la Independencia», por lo que sería de 1808.

Respecto a lo que los investigadores se han encontrado en las primeras prospecciones que se han realizado, Monzón indicó que «hemos visto distintas fases constructivas dentro de este sondeo, que a pesar de ser pequeño ha sido muy fructífero». Así, se han encontrado una serie de fosas y silos, dedicados a almacenar el grano, que «se asocian a periodos altomedievales». Por otro lado, se ha preparado una zanja en el terreno natural para ejecutar una serie de construcciones subterráneas. Hacia la zona este han encontrado unas estructuras relacionadas con una actividad artesanal.De todas formas,Monzón recordó que en su día la calle donde se ubica el Solar del Cid se llamaba Tenebregosa, y estuvo ocupada por gremios. Las estructuras son muros de tapial con revestimientos de yeso y cal.

Estas estructuras están sobre «un gran pavimento, espectacular desde el punto de vista arqueológico, sobre todo, por las dimensiones. Pensamos que podía ser una calle pero lo descartamos porque hay un círculo con un pilar y una urna con una decoración que converge en ese punto». Otro de los descubrimientos es un muro más moderno, del que solo se puede ver una pequeña parte, por lo que no se ha podido determinar todavía su función y características. Debajo del muro «hay una gran piedra caliza con los restos de madera, por lo que se estaría hablando de que existe una puerta».

Estos trabajos se incluyen dentro de las ya iniciados en la iglesia de San Román, que cuentan con un presupuesto de 80.000 euros.

2 de agosto de 2017

Sale a la luz un poblado calcolítico en el castillo de Villardompardo (Jaén)

También se han documentado un paño de muralla íbera y dos cisternas de agua de época romana.
El poblado tendría 4.500 años de antigüedad y sus casas cuevas son muy parecidas a las de Marroquíes Bajos de Jaén..
La Historia comienza con la invención de la escritura, pero antes que los garabatos, signos, letras y tratados de ortografía, todo el pasado desde la noche de los tiempos, está escrito en la tierra. Y para muestra un botón. Las últimas excavaciones arqueológicas realizadas en el castillo de Villardompardo, dentro del proceso de restauración de esta fortaleza medieval, han desvelado algo que ni propios ni extraños sospechaban: un pasado prehistórico soprendente. Los trabajos realizados por el Grupo Tragsa, en colaboración con la Universidad de Jaén, han puesto al descubierto un poblado calcolítico, es decir, de la Edad del Cobre, de 4.500 años de antigüedad.

CASAS CUEVA
“Han aparecido unas casas-cueva que, según los expertos son muy similares a las excavadas en Marroquíes Bajos de Jaén”, comenta el alcalde de Villardompardo, Francisco López Gay. Pero aun hay más. También se ha encontrado un paño de muralla ibera y dos cisternas de agua de época romana.

Esto, tratándose de la provincia de Jaén, no debería de llamar la atención, pero tratándose de Villardompardo sí. “Se sabe que el castillo fue construido en el siglo XIII y creemos que por los castellanos en 1245. también que nuestro pueblo es de época medieval, pero esta excavación demuestra que es mucho más antiguo. El castillo fue adquirido por el Ayuntamiento hace una docena de años y ya se ha excavado todo el interior. Se han hecho unas catas fuera y se van a hacer más, para saber si hay algo que valga la pena conocer”, precisa el alcalde. Añade que esta intervención, llevada a cabo por Tragsa con el apoyo de la Universidad de Jaén, forma parte del proceso de restauración del castillo, con cargo al 1,5% cultural del Ministerio de Fomento. “El Estado aporta el 70 por ciento de la restauración, la Diputación un 12,5%, la Junta de Andalucía otro 12,5% y el Ayuntamiento de Villardompardo el 5% restante”, aclara Francisco López Gay. “Nuestra intención es resturarlo, ponerlo en valor, abrirlo a vecinos y visitantes e incluirlo en la Ruta de los Castillos y las Batallas, a la que aún no pertenecemos por no ser un monumento histórico visitable”, asegura.

EN EL PATIO DEL CASTILLO
El castillo-palacio del siglo XIII situado en la zona más oriental de Villardompardo fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC). Presenta preocupantes deterioros en sus restos, por lo que desde hace un año el Grupo Tragsa trabaja en su rehabilitación. Esta empresa de arqueología explica que durante esta intervención mientras se excavaba en la zona donde se encontraban el antiguo palacio renacentista y las caballerizas, se descubrieron unos hallazgos acordes con la época del castillo. Al excavar en la zona del patio se halló, con la consiguiente sorpresa para el equipo de arqueólogos, un poblado del Calcolítico de 4.500 años de antigüedad, murallas íberas y cisternas romanas, “que rompen con la creencia de que el primer asentamiento fue cristiano”. Tragsa añade que la primera fase de estas excavaciones comenzó en octubre de 2016 y tuvo una duración de dos meses. En marzo de este año se inició una segunda fase que finalizó en junio, dando así por concluidos los trabajos de excavación.

RESTAURACIÓN DE LA TORRE DEL HOMENAJE
Junto con los trabajos de excavación se rehabilitó la torre del homenaje, se restauró la muralla perimetral y se construyó un edificio nuevo. El Castillo de Villardompardo fue comprado en 2006 por el ayuntamiento de este municipio, pasando así a ser de titularidad pública. La primera mención expresa de Villardompardo se remonta a 1245 y alude a su conquista y repoblación por parte de Fernando III El Santo. El rey donó lo que entonces era una pequeña alquería a uno de los nobles que lo acompañaban: Pedro Aznar Pardo, de quien recibió su nombre El Villar de Don Pardo.

El hallazgo de elementos arqueológicos anteriores a la Edad Media como hachas neolíticas, pilas romanas o pavimentos de ladrillo, indica una ocupación más antigua. También se han encontrado vestigios de poblamiento en los alrededores de este municipio jiennense.

1 de agosto de 2017

Documentan una casa romana en Torreparedones, en Baena (Córdoba)

Las paredes estaban decoradas con pinturas de varios colores, negro, azul, blanco y, sobre todo, rojo, de manera similar a cómo se ve en la villa romana de Fuente Álamo
El pavimento de la estancia debió ser expoliado durante la etapa de abandono de la ciudad en el siglo III dC.
Los resultados provisionales y hasta que se redacte la memoria final apuntan a que ese edificio de espectáculos no se encuentra en esta zona de la ciudad pues, aproximadamente, en la zona central de la manzana se han documentado restos de varios muros realizados en mampostería, con piedras trabadas con tierra, que presentan unos enlucidos con estucos pintados de varios colores.

DECORACIÓN
Debido al espacio tan reducido de la zona intervenida sólo se ha podido excavar una mínima parte de la estancia que conforman dichos muros, destacando el hecho de que las paredes estaban decoradas con pinturas de varios colores, negro, azul, blanco y, sobre todo, rojo, de manera similar a cómo se ve en la villa romana de Fuente Álamo (Puente Genil) donde responde a un esquema clásico tripartito compuesto por un zócalo oscuro de color negro con veteado rojizo y puntos blancos, banda de transición azulada y paneles de color rojo enmarcados por filetes blancos. Esta decoración se conserva con un alzado de casi 1,5 m. en algunos sectores. Lamentablemente, no se ha conservado el pavimento de la estancia que debió ser expoliado durante el período de abandono de la ciudad (hacia el s. III d.C.), y que bien pudo ser de losas de mármol, acorde con la decoración parietal.

Dado que esta decoración parietal pintada se encuentra resquebrajada ha sido sometida a un proceso de consolidación preventiva mediante su engasado por técnicos de la empresa Gestión y Restauración del Patrimonio Histórico S.L. a la espera de que se proceda a su puesta en valor en un futuro. Al norte de esta estancia existe otra que no se ha excavado de momento y que presenta varios muros con revestimientos similares pintados. Todos estos datos apuntan a que nos encontramos ante unas estructuras de carácter doméstico, es decir, una domus, ricamente decorada y quizás perteneciente a un personaje importante de la ciudad, teniendo en cuenta también el lugar que ocupa junto al foro.

SONDEO EN LA PUERTA DEL DECUMANO
El segundo sondeo, situado en la puerta monumental del decumano máximo ha deparado la existencia de un espacio amplio al traspasar la puerta, también sin pavimento y con un canal de desagüe que evacua hacia la calle, por lo que podría tratarse de un patio o atrio. Debido a que se trata de sondeos no es factible, por el momento, determinar una posible relación de esta entrada con los muros decorados ubicados en el interior de la manzana, por lo que habrá que esperar a que futuras investigaciones aporten más datos.

Según indica el arqueólogo municipal de Baena y director de la excavación José Antonio Morena, es probable que algunas de estas estancias decoradas con pinturas murales tengan pavimentos con mosaicos pues estos eran frecuentes, sobre todo, en viviendas de lujo.

(Fuente: Cordópolis)

31 de julio de 2017

La ciudad perdida de Caraca resurge del olvido en Driebes (Guadalajara)

Desde el pasado 17 de julio los arqueólogos sacan a la luz estructuras de esta urbe romana, nudo importante de comunicaciones en la vía de Complutum a Segóbriga camino a Cartago Nova
El georadar desveló las estructuras urbanas de la ciudad romana que antes fue un oppidum carpetano. 
Desde el cerro de la Virgen de la Muela no se divisa ni un pueblo, ni una casa aislada, nada. Driebes, la localidad más cercana, se encuentra a unos seis kilómetros de carretil de piedras, polvo y matojos. En este paraje olvidado de Guadalajara hoy solo quedan en pie las ruinas de la antigua ermita que da nombre al lugar, en medio de un extenso campo de cereal recién cosechado. En otro tiempo, sin embargo, aquí se levantaba la ciudad de Caraca, una importante urbe de la Hispania romana a la que acudían las gentes del entorno para ir al mercado, al foro o al templo. La empinada cuesta que baja hasta el Tajo era entonces un transitado tramo de la calzada romana que conducía a Cartago Nova (Cartagena).

«Donde ahora pisamos debía de estar el foro», indica el arqueólogo Emilio Gamo, mientras muestra el plano con los resultados del georradar y drones que sirvieron en febrero para anunciar el descubrimiento de esta ciudad perdida que citaron Plutarco o Ptolomeo, equidistante de Complutum (Alcalá de Henares) y Segóbriga (Saelices, Cuenca), según el Anónimo de Rávena.

Se la había situado anteriormente en lugares como Almoguera o Tarancón, pero el hallazgo en 1945 de un tesorillo de plata de unos 14 kilos durante la construcción del canal de Estremera hizo sospechar de la existencia de un yacimiento en Driebes. Los profesores Jorge Sánchez-Lafuente y Juan Manuel Abascal defendieron en los años 80 que se trataba de la ciudad romana de Caraca, pero hasta ahora nunca se había excavado en este lugar.

El georradar reveló que ante la ermita se extendía antiguamente un espacio diáfano, rodeado por una columnata a modo de pórtico. De ratificarse la existencia allí de un foro, como estos datos sugieren, se habrá dado con la primera ciudad romana de la que se tiene constancia en la provincia de Guadalajara.

Las excavaciones que se están llevando a cabo desde el 17 de julio vienen a confirmar el diagnóstico al que llegaron los arqueólogos. «Empezamos a constatar estructuras y una serie de materiales que ratifican los resultados que dio el georradar en la campaña precedente», subraya Javier Fernández Ortea, coodirector del proyecto junto con Gamo.

En las dos catas abiertas, ya se aprecian con claridad algunos muros de antiguas edificaciones públicas romanas, aunque aún es pronto para poder identificarlas como parte del foro y para datar la época en que éste fue erigido, un dato clave para saber cuándo esta población fue promocionada jurídicamente como ciudad romana.

Hay una tercera cata señalada, en el cruce del cardo y el decumano, las dos coordenadas que vertebraban toda urbe romana. Allí el georradar indica que podría conservarse un empedrado con un sistema de alcantarillado. Si es así, servirá para verificar hasta qué nivel de desarrollo llegó Caraca.

Con estas primeras intervenciones quirúrgicas, el equipo interdisciplinar que dirigen Gamo Pazos y Fernández Ortea pretende registrar la estratigrafía de la ciudad y conocer así la evolución histórica de este lugar que se cree que estuvo habitado desde comienzos del primer milenio antes de Cristo y fue un «oppidum», un asentamiento carpetano antes de la romanización.


UNA CIUDAD DE 1.800 HABITANTES
La ciudad, de unas 8 hectáreas en el perímetro que creen que pudo estar amurallado y otras cuatro de zona anexa, se abastecía de agua a través de un acueducto de tres kilómetros del que quedan unos 130 metros, según han podido comprobar los arqueólogos en las proximidades del cerro de la Virgen de la Muela. Calculan que llevaba 1,3 litros por segundo, lo que les lleva a pensar en una población de entre 1.500 y 1.800 habitantes.

Bajo el sol de justicia que cae sobre el yacimiento, Javier Fernández comenta que en época romana el clima era más húmedo y había más vegetación. «Posiblemente era un lugar más habitable y había más densidad de población en esta zona hace 2.000 años que ahora», dice.

La ciudad contó con templos, que estarían ubicados bajo la actual ermita derruida, con posibles termas y con un macellum (mercado) donde acudían los campesinos y artesanos de los alrededores para comprar y vender. «Debió de ser una ciudad como Valeria o Ercávica», apunta Gamo haciendo referencia a dos yacimientos romanos de Cuenca.

El arqueólogo de la UNED explica que por su posición estratégica sobre la vera del Tajo y la presencia de atochas en la zona, creen que se dedicaba a la explotación del esparto, tan apreciado en la época por su uso para confeccionar cabos para la navegación o la minería, o para usos cotidianos (calzado, cestas...).

Caraca se destacó también por la exportación del lapis specularis o espejuelo, un yeso traslúcido y brillante que los romanos utilizaron en sus ventanas antes del vidrio. «Quizá el declive del uso del lapis specularis tuvo relación con el abandono de Caraca en el siglo II d.C.», sugiere el arqueólogo Saúl Martín.


UN CSI ARQUEOLÓGICO
Los peones que ayudan en la excavación acaban de encontrar un fragmento de interés y requieren el examen de Gamo, que explica: «Esto es como en CSI, investigamos cada pieza, cada detalle, solo que no es una escena de un crimen».

Excavar en un yacimiento virgen como el de Caraca permite estudiarlo desde cero, documentando de forma exhaustiva cada hallazgo, con el apoyo de modernos métodos como el sistema de información geográfica del Instituto Geográfico Nacional o los sistemas de información geocientífica del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). El equipo multidisciplinar cuenta con la ayuda de especialistas en inscripciones latinas, expertos en gestión del patrimonio y especialistas del IGME, así como con la financiación de la Junta de Castilla-La Mancha, el Ayuntamiento de Driebes, la Asociación de Mujeres de Brea de Tajoy y la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara.

Los arqueólogos confían que Caraca arroje luz sobre un periodo histórico aún en parte desconocido. Es «otra tesela más en ese mosaico tan complejo de la romanización en el interior peninsular», subraya Fernández Ortea.

Hasta el 17 de agosto removerán la tierra en busca de cuanta información logren obtener, pero parte de Caraca siempre ha estado ahí, a la vista de cualquiera. En la construcción de la ermita de la Virgen de la Muela en el siglo XVI se reutilizaron fustes de columna que aún permanecen encajados en las paredes, uno incluso numerado con un cinco romano.

En las laderas del cerro, es fácil ver grandes piedras que formaron parte de edificios públicos de relevancia. Los agricultores las fueron arrojando a un lado cada vez que daban con alguna que les impedía arar el campo. No es ésa una buena tierra para cultivar. Allí donde antes se empedró una calle o se levantó una vivienda no crece igual el cereal.

El cerro de la Virgen de la Muela donde el pastor Mariano Vadillo jugaba solo en su niñez con aquellas piedras y trozos cerámicos de los que desconocía su origen, acapara ahora el interés de lugareños y curiosos, tanto que la Guardia Civil patrulla a menudo por los alrededores, no sea que una porción de la Hispania romana acabe olvidado en la vitrina de algún desaprensivo sin revelar sus secretos.


EL TESORO ESCONDIDO A FINALES DEL S. III a.C.
Durante la construcción del canal de Estremera en 1945 se descubrió en un talud del cerro de la Virgen de la Muela un tesorillo de plata de más de 13 kilos en forma de tortas, lingotes y fragmentos de adornos (torques, brazaletes, varillas, sortijas y fíbulas) que actualmente se expone en el Museo Arqueológico Nacional. Son piezas de cultura carpetana, datadas entre los siglos IV y III antes de Cristo o principios del II a.C. «El peso de las tortas, entre 448 y 455 gramos y sus particiones indican que utilizaban un sistema metrológio estandarizado, similar al de Cancho Roano», se indica en la vitrina que contiene las piezas halladas en Driebes. Los fragmentos completarían el valor de su peso en una transacción comercial. Las monedas constituyen solo una pequeña parte del tesoro y en su mayoría están partidas, pues se usaron como pequeños lingotes. Algunas proceden de Cartago y por su datación se ha podido fechar cuándo se ocultó el tesoro, ya que las más modernas fueron acuñadas a finales del siglo III a.C.

La pieza más relevante del tesoro es una fíbula que debió de ser emblema de un personaje de la aristocracia. Muestra un personaje con casco y torques en el pie y una escena simétrica de un felino que devora una cabeza humana en el puente. Ésta representaría a un jefe guerrero que al ser comido por el león se convierte en héroe. Cuando se descubrió, el arqueólogo Julián San Valero Aparisi la llamó «Fíbula de Hércules», creyendo que la imagen del puente representaba al héroe griego vestido con la piel del león de Nemea.